Inflación e inflacionismo, otra vez

Hay quienes piensan que es posible convivir con la inflación mientras ésta sirva para financiar el desarrollo productivo, y hay quienes evaden responsabilidad sobre las causas de la inflación. Lo cierto es que la inflación es mala en cualquier nivel y, al generar un ciclo económico muy marcado, termina siendo el mayor atentado para la economía.

Para primero desmitificar su naturaleza es necesario precisar que la inflación no la causan ni los fenómenos climáticos ni el precio del petróleo ni los incrementos salariales y mucho menos las expectativas generadas por el gasolinazo-des gasolinazo. Tal como dijera Milton Friedman, la inflación es en todo momento y en todo lugar un fenómeno monetario.

Puede ser que actualmente la situación no sea comparable con la de los años 80, cuando el origen de la inflación se encontraba en varios puntos como el de la insostenibilidad de la deuda y del déficit fiscal financiado mediante emisión monetaria, aunque rápidamente nos encaminemos a ello.

Los orígenes más importantes de la inflación actual se encuentran en el “boom” de las exportaciones tradicionales, el oleaje de dólares que éste conlleva, el flujo de remesas que llegan desde el exterior y, también un elemento igualmente importante (sobre todo como una economía bimonetaria) como efecto de la importación de los dólares que las administraciones Bush-Obama decidieron imprimir y cuyas preguntas sobre aquella decisión tendrán más adelante una respuesta implícita.

Empero, la inflación es ahora sólo el componente de un problema no solamente monetario, sino también real. Cuando Bolivia vivía un proceso deflacionario la economía se encontraba en un proceso de saneamiento, de reestructuración de los mercados, un proceso de contracción que habría permitido identificar aquellos negocios y proyectos no viables, financiados indebidamente.

Es lógico que la estructura productiva no se mantuviera intacta ante el golpe de la crisis internacional, y eso sucedió con el resto de economías en el resto del mundo disparando el precio de las materias primas. Es así que, efectivamente, el problema viene por el lado de la oferta. Sin embargo, la política del Banco Central de Bolivia (BCB) que pretende subsanar los problemas del sector real, viene por el lado de la demanda.

Junto con el Ministerio de Economía y Finanzas, y otras entidades privadas y semiprivadas, el BCB viene promoviendo el dinero fácil, esto es, una serie de ferias de crédito sin el respaldo del ahorro previo que el aparato productivo hubiese generado al tener una mayor recuperación. En otras palabras, el aparato productivo no se recuperó como lo hubiese hecho si, por ejemplo, los derechos de propiedad no estuviesen amenazados y, continuando deprimida la oferta para el consumo, el nuevo dinero que existe circulando en la economía está de más. Esto es inflación que, como parte del ciclo, sólo ofrece la impresión de que la economía es saludable y de que la culpa es de cualquiera menos del Gobierno y la “coordinación” que tiene con el BCB.

Ahora bien, para responder a la pregunta de por qué el BCB viene evadiendo responsabilidad en la causa de la inflación, y el Gobierno tan hábil en trasladar la responsabilidad a las calles que resultan en conflictos entre sectores, es simplemente porque no tienen la voluntad de hacer lo contrario.

Sucede que para ganar poder se requiere adeptos, para ganar adeptos se requiere empleo, subsidios, etc. y para esto se requiere instituciones ociosas que sean financiadas con el dinero que sólo el ente emisor es capaz de conseguir porque, además, dicha emisión no tiene que necesariamente ser discutida con la oposición. Así se genera un nivel de inflación “controlable” que creará más pobreza, la que sería solucionada con la creación de más instituciones susceptibles de ser gravadas y así sucesivamente. Esto es lo que se llama “inflacionismo”.

Pero la amenaza más grande no es ni la inflación ni el inflacionismo, sino el inflacionismo pasivo, aquel escenario en el que todos somos cómplices mientras nadie detenga la fiesta del dinero fácil y las ferias del crédito barato y sin respaldo que sólo nos conducen nuevamente al inicio del ciclo.

Artículo publicado en Los Tiempos y Página Siete.

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