Carta abierta al profesor Sala-i-Martín

La Escuela Austríaca de Economía jamás ha sido parte de la corriente dominante, ni en el mundo abstracto ni en el práctico, ni siquiera cuando lleva ya algunos siglos de desarrollo teórico desde el XVI y XVII en Salamanca, pero esta vez la situación es distinta, es un momento de crisis económica en la que no puede caber duda de haberlo intentado todo, no necesariamente para evitarla, sino para que no vuelva a suceder.

Una cosa llevó a la otra en lo que ya podrían ser fácilmente 6 ó 7 años desde que encontré su Globalización y Reducción de la Pobreza, siempre en busca de la verdad y cansado de los textos marxisto-keynesianos que me vi obligado a estudiar durante cinco años. No fue una revelación, tal vez sólo un hallazgo, pero sí fue muy útil. Así fue cómo empecé a seguir su trabajo, desde su Crecimiento Económico coescrito con el profesor Robert J. Barro, hasta cada una de sus notas y editoriales de opinión. Pocas veces salvé distancia con sus ideas, pero hoy provoca alejamiento con su actitud.

No sorprende que una vez más se haya referido con sorna a los austríacos, y es comprensible, pues yo mismo no reparo en criticar a otros como Paul Krugman, Joseph E. Stiglitz o su colega y amigo Nouriel Roubini en sus ataques de lucidez científica e intelectual (aunque también espero no ser criticado por mis colegas al hacer comparación semejante). Lo que llama la atención es la manera en que ha reaccionado a las críticas de los austríacos (o de cualquier otro) a sus 25 propuestas para Salir de la Crisis que aqueja a Europa, de la siguiente manera:

Qué gracia (o pena) los fundamentalistas austríacos con su grial de “patrón oro” y su arrogante tendencia a repartir carnets de liberalismo.

Está bien que como buen liberal (no por no ser austríaco dejaría usted de serlo) no busque reconocimiento alguno de Su Majestad, o que como buen catalán no le haya sonado ni ahí el campeonato mundial de fútbol para España, pero bien sabe que al proponer una solución que incluso contiene y afecta a quienes acaban de criticarlo, no puede no responder en defensa de lo que propone, o incluso estar dispuesto al debate. La situación y el compromiso que implícitamente ha aceptado al plantear sus ideas contra la crisis, simplemente no se lo permiten, además de que sería lo mínimo que uno esperaría de un académico reconocido como usted, y cuyo nombre incluso ha sido no para pocos y desde hace mucho, parte del deseo de verlo junto a aquella medalla de oro.

De más estaría decir que si se estableciera el debate, vería que de ninguna manera se busca denigrar la importancia y el valor de la ciencia económica predominante que usted representa. Hay problemas económicos cotidianos importantes, donde los supuestos y conjeturas que plantean los libros de texto neoclásicos como los suyos son muy útiles; y es más, cuando Ludwig von Mises hablaba de las consecuencias del control de la renta, era también un economista neoclásico asumiendo equilibrio, pero una vez que buscó entender la manera en que el mercado opera y coordina, y cuando en su desarrollo científico más importante se vio en la necesidad de resolver este fundamental misterio sobre cómo el orden emerge del caos, tuvo respuesta en una aproximación eminentemente austríaca de función dinámica y empresarial de los individuos (inherente del mercado del que nadie duda que usted sea uno de sus más destacados defensores) y que a cuyo discípulo más reconocido, Friedrich A. von Hayek, le valió el Nobel en 1974.

También está de más recordarle -lo hicieron Malthus y Say, Mises y Keynes, Hayek y Keynes, y Friedman con todo aquel que se lo propuso- que con el debate no sólo se cumple con el modesto y verdadero rol de un economista de alentar el camino de una sociedad próspera cuando se comprende el rol de la libertad, el camino de una sociedad en la cual cada individuo puede conseguir cualesquiera que sean sus objetivos, sino que también se alcanza una de las mejores maneras de contribuir genuinamente al tipo de sociedad en la que queremos vivir.

Respetuosa y cordialmente,

Mauricio Ríos García

Economista


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