Entrevista: desarrollo económico de Cochabamba

¿Cómo analiza el desarrollo económico de Cochabamba en los últimos cinco años?

Hace cinco o seis años atrás empezó el llamado macro ciclo de las materias primas, es decir, aquel momento a partir del cual las materias primas y el gas y los minerales que Bolivia mayoritariamente exporta, empezaron a cotizar en niveles nunca antes registrados. A partir del inicio de aquel período, los departamentos de Tarija y Potosí ocuparon el tercer y cuarto lugar respectivamente en el aporte al PIB nacional, fundamentalmente por un efecto precio, y dejando a Cochabamba rezagada y observando cómo Santa Cruz y La Paz mantienen el primer y segundo lugar en aporte al PIB.

Si bien es cierto que aquellos departamentos cuyo auge responde únicamente al boom de materias primas, estarían muy expuestos al riesgo y la volatilidad de precios, llama la atención que Cochabamba no haya sabido aprovechar aquella cotización internacional de materias primas durante al menos cinco años, sin que tampoco haya concentrado sus esfuerzos en el sector no tradicional de su economía; ha dirigido su economía al mercado interno con menores riesgos, pero también sin aprovechar las oportunidades actuales que el comercio exterior ofrece para crecer y alcanzar mayor prosperidad. Cochabamba no ha estado respondiendo a los principios básicos del comercio externo: exportar lo que mejor sabe producir, para poder importar aquello que no produce competitivamente; está desconectada del todavía favorable contexto externo.

¿Qué medidas económicas influyeron en su avance?

Hoy en Cochabamba difícilmente pueden descatarse medidas que hayan estado orientadas a una mayor actividad empresarial generadora de riqueza, sino para mal orientadas a la dependencia de los planes del Estado. Sintomáticamente, los mejores años del departamento en cuanto a ritmo de crecimiento y generación de riqueza fueron los de la década de los 90, cuando el Estado fue mucho más pequeño, donde el número y proporción de impuestos contra la libre actividad empresarial era mucho menor que la actual, cando no existía restricciones ni a las exportaciones ni a las importaciones; cuando había mucha mayor flexibilidad laboral; cuando no existía controles cambiarios, etc.

Con el financiamiento de nuevos proyectos ¿Cuál es el rol económico a nivel nacional que se planifica para este departamento?

Cochabamba tiene proyectos ambiciosos pero inconclusos de muy larga data (hablamos de varias décadas), como el Proyecto Múltiple Misicuni y el Parque Industrial Santiváñez. Con el primero tiene la oportunidad de proveer de energía eléctrica al oriente del país cuyo potencial de crecimiento y desarrollo es por demás considerable; y con el segundo tiene la oportunidad de reafirmar las ventajas de su posición geográfica estratégica en el centro del país, al convertirse además en el centro de distribución internacional directa de Bolivia por su cercanía con el proyecto complementario del puerto seco en la antigua terminal de pasajeros del aeropuerto Jorge Wilstermann.

No obstante, esta clase de proyectos o bien han estado desprovistos de capital suficiente para su magnitud, o simplemente han quedado truncos porque el departamento no sabe atraer y mantener capital privado y fundamentalmente externo. Las cicatrices que ha dejado la Guerra del Agua en el año 2000 (sin dejar de lado la torpe política “coca cero”) ha dejado a Cochabamba no sólo sin agua, sino que la han dejado desprovista de toda oportunidad de inversión privada que pueda hacerse cargo de los problemas crónicos del departamento que el Estado jamás ha sido capaz de atender, o al menos no de manera eficaz, eficiente y, sobre todo, transparente.

El vicepresidente Álvaro García Linera anunció el domingo desde el Valle de Sacta que Cochabamba se proyectaba como potencia agrícola ¿es esto posible?

El sector agrícola en Cochabamba ha venido decayendo en perjuicio del sector rural y más pobre, pero en favor de la manufactura que sí ha venido mostrando un desarrollo importante. Es cierto que el departamento tiene un gran potencial para el sector agroindustrial. No obstante, las declaraciones del Vicepresidente tienen una connotación distinta. La década de los 70 ha sido testigo de este modelo de industrialización forzosa que se manifiesta en una serie de edificaciones sin uso como evidencia de la manera en que el Estado dilapidó recursos en proyectos sin demanda y que sólo destruyeron capital, que llevaron a la bancarrota del país entre 1982 y 1985, y que sólo han creado más pobreza. Los casos emblemáticos son Karachipampa, que nunca ha producido nada; la Piscina Olímpica de La Paz, que ha sido una de las más caras del mundo sin jamás haber servido para una sola competencia internacional; la autopista La Paz-El Alto, cuyo costo alcazaba el millón de dólares por cada kilómetro cuadrado; y un muy largo etcétera detrás de la fábrica de aceites de Villamontes, el Hospital Militar de La Paz y la Hilandería de Santa Cruz. En definitiva, nada indica que los resultados de los actuales proyectos no terminarán como en el pasado.

Para el Estado la pregunta debería ser si los proyectos que lleva adelante (indistintamente del sector) son rentables, pero para el ciudadano que paga impuestos la pregunta debería estar enfocada a saber si estos proyectos realmente lo beneficiarán, si son verdaderamente prioritarios o si finalmente él podría asignarle un destino mucho más inteligente y en beneficio propio a la parte que individualmente le toque.

Entre el 80 y 90% de la producción que se realice en la Planta de Úrea y Amoniaco se exportará a Argentina y Brasil ¿Por qué cree que se la está instalando en Bulo Bulo?

Lo más importante en preguntarse es si la industria del sector en Bolivia es lo suficientemente competitiva como para aventurarse en un proyecto tan serio, facultad de la que tanto ha demostrado carecer la principal empresa del país. La ubicación de la planta, aunque sólo constituye una parte del proyecto, es importante; llama la atención que la planta no vaya a instalarse mucho más cerca del mayor importador de urea del mundo como es Brasil, en Puerto Suárez, por ejemplo. Las razones por las que pueden estar siendo instaladas en Bulo Bulo solamente llevarían a especular que se trata de un capitalismo estatal entre compadres, proyecto cuyos costos eventualmente los asumirían terceros.

Como economista ¿Cuál es la visión que tiene de la extensa instalación de proyectos industriales y capitales públicos en el departamento? ¿Obedecen a una voluntad política?

La opinión generalizada de los expertos afirma que el relativo estancamiento de la economía del departamento (y el bajo crecimiento del país comparado con el de Chile y Perú, por ejemplo) se debe a la ausencia de planes de desarrollo, pero probablemente porque asumen que el mercado carece de planes o que estos deben ser remplazados por los del Estado.

La planificación de cualquier economía deben hacerla los individuos a través de su inherente perspicacia empresarial, de su deseo de lograr una condición de vida que sólo individualmente podría reconocer como satisfactoria, no debe hacerla la burocracia estatal. Cada centavo que el Estado gasta es un centavo que el individuo deja de gastar, cada centavo que el Estado gasta es un centavo que el individuo deja de ahorrar o invertir. Cuando los empresarios cometen errores de juicio económico, quienes asumen las pérdidas son ellos y su entorno; cuando es el Estado quien comete errores de juicio económico, quien carga con las pérdidas es el país entero. Lamentablemente, en Bolivia el Estado ha venido cometiendo varios errores de juicio económico, y las consecuencias tendrán una magnitud tan grande como la que hoy pretenden que beneficien.

Entrevista con el semanario Bolivian Business.

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