Entrevista con LiberalSpain

¿Qué piensa de la situación que vive hoy en día la Unión Europea, en especial la Eurozona? ¿Cree que contiene el riesgo de agravarse?

Si el agravamiento de la crisis significa que a toda costa se le impida al mercado corregir los errores inducidos por el Estado durante la época previa del auge insostenible, entonces todavía hay mucho camino por recorrer. Todo intento por postergar los efectos del reventón de una burbuja como la española sólo significa prolongar la agonía, y ese es actualmente el mayor problema de la Unión Europea.

Es cierto que el inicio de la crisis es al mismo tiempo el inicio de la recuperación, en el sentido de que ésta se trata de una etapa de depuración de aquellos proyectos financiados con expansión crediticia y no con ahorro real previo disponible. No obstante, es absolutamente equivocado subestimar las consecuencias de esta huida hacia adelante que significa el persistir en que los problemas del viejo continente estriban en la falta de ingresos y no en el exceso del gasto. La Unión Europea se latinoamericaniza con cada euro que gasta por encima de lo que ingresa, con cada centavo que incrementa por concepto de impuestos o, finalmente, con cada día que se resiste en reducir, privatizar o directamente eliminar cada vez más y mayores atribuciones y competencias del Estado en favor de la capacidad creativa de sus ciudadanos por solucionar problemas que sólo a él le caben solucionar.

Pregunta del millón ¿el euro ayuda o es el verdugo?

Con la creación del euro, el nacionalismo monetario ha sido reemplazado por la contradicción lógica de conceder privilegios por consenso. Por fortuna, este mecanismo está permitiendo identificar al Estado (ya sea el nacional o el supranacional) como el verdadero responsable de crear auges insostenibles de manera recurrente, y además ponerlo en escandalosa evidencia cuando luego pretende imponer la factura de su derroche a la ciudadanía. Quizás el reciente caso de Chipre vaya a convertirse más tarde en un caso emblemático cuando su gobierno, al no contar con la prerrogativa del auto financiamiento o el inmediato incremento de impuestos, se vio forzado a establecer una quita del 30% de los depósitos de más de 100.000 euros, o en realidad devolver el dinero del cual dispuso sin consentimiento explícito del depositante.

Sin embargo, es muy importante tener muy claro que el sistema monetario del euro no representa un escenario ideal, porque una cosa es identificar a los responsables y otra además alcanzar un escenario ideal: a pesar de sus virtudes relativas con el yen, la libra o el mismo dólar, el euro continúa siendo una moneda intervenida y expuesta a los errores del Banco Central Europeo, por tanto, sólo una segunda mejor o incluso la menos peor opción.

Es así que resulta menester preservar el euro en la medida que signifique un límite del poder, pero no en la medida que no signifique libertad en su más estricta dimensión.

Es conocida la década perdida de América Latina de los 80, ¿qué semejanzas y diferencias tiene la situación actual europea con aquella?

Definitivamente las similitudes son muchas. Para mencionar solamente algunas, la región latinoamericana acumuló una deuda descomunal (algunas bordeaban el 120% del PIB) cuando los gobiernos encontraron la oportunidad de aplicar las liberticidas teorías marxistas y keynesianas de la Teoría de la Dependencia durante décadas, y que más tarde, en un desesperado intento de aferrarse al poder, aplicaron medidas que pretendían postergar los inevitables procesos de liquidación de una estructura productiva perversa, pero que solamente significaron un largo y doloroso estancamiento hiperinflacionario por toda la región como resultado.

No obstante, una diferencia que en realidad es de momento la más importante, es que la Unión Europea cuenta con una moneda única que supone un marco de austeridad y reforma estructural de los distintos gobiernos nacionales como componen la Unión, algo que definitivamente resulta mucho más evidente y relevante para cualquier estudioso de la crisis latinoamericana de los 80.

¿De qué modo se solventaron las deudas externas, los déficits fiscales y otros problemas de índole económica que ahogaron América Latina?

Primero es importante destacar el hecho de que el incremento de deudas nacionales fue posible gracias a la expansión de crédito internacional, al mismo tiempo que se lanzaban arengas contra aquellos países y organismos internacionales de los que provenía el crédito. Resulta curioso observar cómo los gobiernos de la llamada periferia (América Latina) pretendían abandonar la dependencia de los países del centro (EE.UU.), para establecer la misma relación con la ciudadanía endeudándola ilegítimamente para hipotecar un futuro que de todas maneras debía llegar.

Cuando aquel largo plazo llegó, la manera que encontraron los gobiernos para postergar el problema a cambio de agravarlo fue la misma que han aplicado durante cientos de años o al menos desde que Juan de Mariana lo advirtió ya en 1609: mediante el envilecimiento de la moneda o, de una manera mucho menos evidente, estableciendo el curso forzoso de la moneda que imprime el banco central del país en cuestión. Cuando se establece la obligatoriedad de celebrar todo contrato denominado en moneda nacional independientemente de sus vicios o virtudes, entonces los gobiernos tienen la ventaja de autofinanciarse o financiarse sin tener que recurrir al esfuerzo de trabajar y ahorrar como todo mortal pero, además, al ser al mismo tiempo tradicionalmente los mayores deudores, se benefician cuando tienen que pagar con una moneda nominalmente reducida, es decir, provocando inflación.

¿Cuáles son las reformas que a su juicio se precisan para salir de este atolladero? ¿Podría tomarse como referencia las mismas que en América Latina?

Me animo a decir que las reformas que América Latina realizó, sobre todo las de principios de los años 90, son las que hoy necesita la Unión Europea, así como las reformas europeas relativamente recientes son las que América Latina dejó pendientes y que hoy necesita con urgencia.

En concreto me refiero a una moneda única para América Latina como paso, aunque sea tímido, en la buena dirección; la reforma de pensiones de reparto por aquellas de previsión o capitalización individual; la privatización de aquellas empresas públicas demandadas por el mercado y la eliminación de aquellas que no son en absoluto necesarias; la reducción del tamaño del Estado no en favor de, por ejemplo, las Comunidades Autónomas españolas, sino de las distintas instancias municipales; y finalmente la flexibilización del mercado laboral para permitir que el trabajo se traslade de aquellos sectores donde no es necesario hacia aquellos donde sí lo es con urgencia para reactivar la economía.

Caso contrario, no existe garantía alguna para que el escenario argentino de 2001 se repita en ambos lados del Atlántico sin temor a exageraciones ni equivocaciones. No obstante, aunque los honrosos casos de El Salvador, Ecuador y sobre todo Panamá sin monedas de curso forzoso, están mostrando el camino correcto en América Latina, así como las reformas estructurales y austeridad de Lituania, Letonia y Estonia en Europa, este tipo de reformas no son necesariamente garantía de libertad, sino pasos en la buena dirección para reducir el tamaño del Estado a su mínima expresión.

Volviendo a América Latina. Chile tiene buena prensa internacional y sorprende por su libertad económica. También otros países como Perú parecen levantar cabeza. Al contrario, Argentina y Venezuela enseñan la cara opuesta. ¿Cómo ve el futuro de este continente?

Precisamente esos cuatro países son los que están ilustrando el éxito y las virtudes de las reformas, y los vicios del statu quo. Chile es un país que desde los años 70 realizó las reformas que en algunos países de la región, como Perú, realizaron recién desde principios de los 90, pero aun así están logrando mayor dinamismo con iniciativas de comercio abierto e incluso de integración bursátil con la Alianza del Pacífico que, al ser tan importantes, reúnen a otros países como Colombia, y más adelante con México, Uruguay, Panamá y Canadá.

Por otro lado, en países como Venezuela y Argentina se ve cómo el Estado ha ido avanzando cada vez más en el control de sus economías para que hoy, luego de una serie de devaluaciones, controles cambiarios y de precios, controles del flujo de capital, expropiaciones, asistencialismo y un muy largo etcétera, para hoy presentar escasez hasta de papel higiénico. Lamentablemente, estos países están construyendo junto a otros como Ecuador, Nicaragua y Bolivia que van indudablemente en la misma dirección aunque en diferentes etapas, un bloque antagónico al anterior.

En este sentido y debido a las reformas pendientes que anteriormente mencionamos, debo ser escéptico respecto de la economía regional de largo plazo. La fortaleza institucional y convicción de sus ciudadanos tiene a Chile muy aventajado respecto del resto de países cuya base de crecimiento y desarrollo se funda en los principios más cercanos a la libertad, pero todavía hay mucho camino por recorrer. Para mi gusto Chile todavía se mantiene bajo el encanto del monetarismo de Milton Friedman, el cual pienso que es simple y llanamente equivocado o cuanto menos limitado. Incluso Chile es un país que está observando el agravamiento de la Gran Recesión con mucha subestima con una moneda que, aunque aparentemente es controlada con prudencia, sigue siendo una moneda intervenida; la reforma más importante que Chile ha dejado pendiente por no abordar seriamente y desde el plano intelectual a alguien que tiene tanto más que ofrecer como es Ludwig von Mises.

Usted es natural de Bolivia. Lo poco que se sabe de él es que es continuador de un tipo de chavismo venezolano ¿Qué nos puede decir de su país natal? ¿Está cambiando esta situación?

Así es. Las condiciones que la economía boliviana presenta actualmente son las mismas que Venezuela y Argentina presentaban probablemente hace un par de años nada más. La única diferencia es que Bolivia se encuentra en una etapa distinta, pero se dirige rápidamente no sólo a una situación argentino venezolana, sino que además al no haber aprendido una sola de las lecciones de la Gran Recesión, comete exactamente los mismos errores y se acopla a la crisis internacional cual vagón de cola.

Por ejemplo, así como en la primera mitad de los años 90 se planteó la capitalización o privatización por pasos de las principales empresas públicas, el país se dirige hacia la nacionalización o estatización por pasos de un sector tan importante como la banca, revirtiendo lo mucho o poco de bueno que pudieron haber tenido las reformas llamadas de “segunda generación”. Además, si a este problema se le agrega el hecho de que las reformas de “primera generación”, si bien terminaron eficientemente con la hiperinflación de los años 80, también se cometió el error de no garantizar que aquel episodio no volviera a suceder habiendo preservado el nacionalismo monetario -lo que yo llamo “el pecado monetario del 21060”-, entonces el país está servido no sólo para emular los errores actuales del norte y sur de Sudamérica, sino los propios que hoy le valen ser el mal ejemplo en los libros de texto modernos de economía respecto de haber registrado una de las crisis más severas de la década perdida de la región y todo lo que en una crisis no debe hacerse.

Hablemos de liberalismo. ¿En qué situación ve esta tendencia política en América Latina y cómo la ve en Europa? Aquí, sabiendo que es sumamente minoritaria y, por desgracia, con poca influencia política.

Pienso que a pesar de lo mencionado respecto de las reformas pendientes en la región, el futuro del liberalismo podría estar en América Latina. Tanto Estados Unidos como la Unión Europea se han visto envueltos en una crisis que bien podría durar muchos años, y de hecho ya vamos más de cinco de la Gran Recesión, por lo que el falaz debate entre crecimiento y austeridad está impidiendo que los individuos se inclinen decididamente por la libertad o el liberalismo.

No obstante, antes de continuar tendría que hacer una digresión en este sentido. El liberalismo de fines de los 80 y principios de los 90 en América Latina ha cometido serios errores sobre los cuales se erigió el Socialismo del Siglo XXI, casi parangonando los errores de Adam Smith sobre los que se erigió con tanto éxito el marxismo clásico. Aquel movimiento político jamás pudo desembarazarse del epíteto socialdemócrata del neoliberalismo o el vínculo con el decálogo simplón del Consenso de Washington. Si se quiere ser estricto con los conceptos y definiciones, aquellas reformas tuvieron poco o nada de liberales, sino que más bien podrían ser calificadas como el surgimiento de una social democracia moderada. Ninguna de las reformas fue aplicada con legítima convicción liberal, sino más bien como reformas con un pragmatismo ausente de principios éticos. Y esto es algo que un liberal de la talla de Guy Sorman observó en La Nueva Riqueza de las Naciones con mucha agudeza. Dado que lo peor de la típica crisis económica socialista está por volver a la región, todavía no se está discutiendo sobre los errores del propio liberalismo como para incluso empezar a discutir cuáles serían hoy las reformas necesarias, y ese es un por hacer intelectual urgente.

El liberalismo tiene una oportunidad importante en América Latina. Por ejemplo, para los liberal conservadores, tener al Papa Francisco en el Vaticano es una excelente noticia a pesar de algunas de sus arengas en contra del propio liberalismo; puede haber sorpresas alentadoras un poco más adelante, sobre todo cuando el Socialismo del Siglo XXI al haber guardado una posición sui generis en cuanto a la Iglesia desde un principio, y deben ser inteligentemente aprovechadas.

En general, el liberalismo se encuentra ahora con el desafío de discutir también con el libertarismo, pero no en esta lógica dialéctica en la que el segundo tan frecuentemente cae, que a pesar de ser una estrategia muy útil, podría también ser peligrosa al impedir que se reconozcan los muchos o pocos aciertos que el liberalismo clásico ciertamente tuvo. Con el surgimiento y presencia de varios think tanks estadounidenses y europeos en la región, lo último que se necesita es que las diferencias políticas que entre ellos tienen en sus países de origen, terminen contaminando el campo de las ideas en el contexto latinoamericano actual, lo cual hasta aquí es un error tan ingenuo como absurdo.

Concretamente, ¿cómo se define políticamente y cómo llegó a tales conclusiones?

Me ha costado mucho porque confieso que me parecía demasiado fácil y cómodo aceptarlo. Afortunadamente he encontrado que el anarcocapitalismo no es solamente el desmantelamiento del Estado, o la identificación de las contradicciones e imposibilidades prácticas y teóricas del minarquismo que insatisfactoriamente lo alojan siquiera mínimamente en su corpus teórico, sino que además es necesario entender al individuo y su capacidad racional para realizar intercambios de tipo voluntario para preservar libertad. Creo firmemente que es tanto más importante entender el motivo por el cual el Estado es innecesario, antes que tener el sólo objetivo de terminar con él. El anarcocapitalismo tiene bastante más que el simplón antagonismo para ofrecer.

Así, me he encontrado con todo un mundo en el que la defensa del individuo y la propiedad privada van mucho más allá del problema con la coacción estatal. Después de un tiempo he llegado a darme cuenta que no existe ámbito alguno donde la coacción del Estado no haya intervenido, pero, además, cuanto ha intervenido ha bloqueado la creatividad empresarial inherente de cada ser humano y lo que tiene de carácter coordinador.

El término anarcocapitalismo es muy poco atractivo. Suena como la fricción de un metal barato contra otro, y por eso he preferido inclinarme por utilizar términos como el iusnaturalismo libertario o de derecho natural identificado con Murray N. Rothbard, Jesús Huerta de Soto, y últimamente con Hans-Hermann Hoppe, pero sin duda alguna lo que me marcó con mucha diferencia para empezar un viaje intelectual ya de algunos años fue cuando descubrí –porque para mí fue un verdadero descubrimiento- La Teoría del Dinero y del Crédito de Ludwig von Mises, al momento en que me preguntaba sobre las causas de la hiperinflación de mi país entre 1982 y 1985. No fue fácil, pero una cosa llevó a la otra, y aunque en un principio también fueron muy importantes James M. Buchanan y Mancur Olson, y F.A. Hayek, Ayn Rand y Karl Popper en menor medida, cuando trataba de interpretar los serios problemas de mi país tanto de entonces como los actuales.

Todo era todavía muy confuso y difícil con mi débil conocimiento metodológico de entonces, y el desafío práctico era todavía muy grande cuando aún no existía Wikipedia, YouTube ¡o incluso Google! Ahora que no sólo he terminado el programa de maestría sino además empezado el doctorado en la Universidad Rey Juan Carlos, todavía necesitaré un tiempo para darme cuenta de cuánto he ordenado y enriquecido mis ideas en cuanto a la filosofía de la libertad, algo que recomiendo a cualquiera que como buen músico no sabe tocar jazz desde que aprende a leer la primera nota. Ciertamente, las tareas que tengo como teórico de la libertad, siquiera de manera tímida, son enormes y, por tanto, lo primero será reconocer mis limitaciones en este sentido.

Para terminar, ¿cuáles cree que serán los mayores retos de ambos continentes en esta y la próxima década?

En cuanto a liberalismo y libertarismo los desafíos son los que en realidad siempre han tenido en cualquier momento y lugar: para hacer realidad aquel futuro que todo amante de la libertad anhela, y siendo conscientes del mundo que nos rodea con espíritu crítico, es necesario emplear cambios hoy para impulsar en el proceso de cooperación social futura. Si algo he aprendido del pensamiento económico de la Escuela Austríaca, y lo digo con humildad, es a pensar en términos praxeológicos, es decir, a concebir el futuro no como un porvenir, sino como un por hacer, que éste será lo que sea en función de lo que hoy empiece uno a hacer de él, por complicado o enrevesado que el concepto parezca. Como sea, y no obstante, lo que verdaderamente permite vivir con entusiasmo el momento único que hoy vive el mundo, es la interpretación que uno puede hacer de él con todo este herramental teórico que el liberalismo y ahora el libertarismo ofrecen.

Entrevista publicada en la página web de LiberalSpain.

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One Comment

  1. bien, Rivers! A ver, cuándo una entrevista para Economía Bolivia.

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