Roubini y la “reliquia bárbara”

“Dr. Doom” ha reaparecido. Aunque no ha dejado de escribir sus columnas mensuales, el profeta Nouriel Roubini de repente había bajado el perfil, ya no aparecía en portadas diarias ni en grandes conferencias pronosticando una vez más el fin del mundo. Ahora reaparece no para predecir la quincuagésima de las últimas cuatro recesiones, sino para a pronosticar el reventón de la burbuja en la que oro se encontraría.

Lejos de ser el primero en anunciar tal profecía, los ataques típicamente keynesianos contra la “reliquia bárbara” se han sostenido en llamar burbuja a todo incremento continuo del precio de cualquier activo, sobre todo luego del estallido de la burbuja inmobiliaria estadounidense en 2007 y 2008 hoy todo parece ser una burbuja, pero realmente no tienen mayores explicaciones que aquellas que las estadísticas que se recogen sólo con valor arqueológico muestran, cuando en realidad la predicción sobre los activos como las materias primas no ha dependido nunca de una ciencia exacta, sino más bien de precedentes históricos, el balance entre oferta y demanda, factores de riesgo, y tantas otras variables como las perversas políticas monetarias de gobiernos tan grandes como el de EE.UU., Japón, Inglaterra o la Unión Europea.

Vamos a empezar concediéndole un punto a Roubini respecto de que el oro efectiva y técnicamente ha sufrido “una caída del 30% respecto de su máximo en 2011”, pero también vamos a tratar el primero de los puntos más importantes que el gran profeta sostiene, a saber, que “los precios del oro aumentaron bruscamente cuando las tasas de interés reales (ajustadas por inflación) se tornaron cada vez más negativas luego de sucesivas rondas de flexibilización cuantitativa.”

Así es, nada más cierto. Punto entonces para el descubrimiento de Roubini, pero aún más importante es abordar lo que realmente constituye una burbuja, en este caso del oro respecto de su valor fundamental y las tasas de interés de referencia de los principales bancos centrales alrededor del globo cercanas a… ¡cero! Roubini no se detiene pues en ningún momento a tratar lo que determina el valor de un activo como el oro si no es solamente en función de su precio histórico.

Lo que Roubini en realidad sostiene es que el incremento en el precio del oro es un temor infundado respecto de que un Armagedón estaría por llegar pero no pronto, y que además resulta absurdo refugiarse en el oro cuando no existen incrementos considerables de inflación, sino incluso deflación generalizada. Probablemente el precio del oro después del 9/11 cuyo incremento no se ha detenido hasta hoy, sea sólo un dato más para Roubini luego de más de diez años, y por eso su marcado escepticismo.

Para empezar existe un problema respecto de lo que Roubini observa como inflación, probablemente confundiéndola con un cierto nivel general de precios manifestado además en aquel Índice de Precios al Consumidor que viene siendo manipulado recurrentemente y según a los gobiernos desde Reagan convenga para alejarse cada vez más de la realidad y, peor aún, interpretándola con la falaz teoría cuantitativa del dinero. Roubini presupone que no existen problemas porque a pesar de que en algunos países se ha llegado incluso a triplicar la masa monetaria para reactivar sus economías, no se ha manifestado cambio significativo alguno en el mencionado índice general de precios.

Aunque Roubini evite discutir la relación entre el incremento de precios de commodities como el petróleo tiene mucho que ver con las políticas monetarias que él mismo recomienda aplicar desde los distintos bancos centrales como mayores reducciones de las tasas de interés seguidas por el incremento del gasto, rescates y un etcétera muy largo, sabe muy bien que los precios del petróleo eran comparativamente estables mientras lo que quedaba del patrón oro duró hasta 1971 y, al mismo tiempo, una notable inestabilidad desde la misma fecha hasta el día de hoy; y lo mismo respecto del oro.

Roubini también sabe muy bien que todos y cada uno de los principales bancos centrales alrededor del globo se han alineado para aplicar la misma política absurda de imprimir deuda en masivas cantidades hundiendo irrecuperablemente su valor, así como al mismo tiempo colapsa el sistema estatal que lo sostiene, y que la mejor alternativa ante el fraudulento financiamiento a 30 años de los gobiernos es aquel dinero que el mercado ha elegido de manera espontánea y evolutiva por miles de años hasta que fue confiscado por sus gobiernos: el oro. Y aunque a Roubini y todos los adláteres de Keynes no les guste porque saben que las políticas que recomiendan son cada vez más estériles y obsoletas, esta “reliquia bárbara” está volviendo a ser dinero de facto, incluso a pesar de que a corto plazo sufra descapitalizaciones o correcciones como las actuales, pero ciertamente fuera de una burbuja por más que presente importante semejanzas.

¿Qué pasaría si a pesar de las recientes caídas el precio del oro se consolida por encima de los USD 1000 ó 1.500? Si a pesar de esta pequeña corrección el oro todavía siguiera muy underowned, es decir, donde todavía muy poca gente posee oro e incluso plata, ¿Roubini finalmente atinará comprando? ¿Cuántos dólares de hoy estaría dispuesto a renunciar Roubini hoy por una onza de oro de USD 2.000 mañana, en el pronto futuo más ruinoso sobre el que siempre ha advertido pero nunca atinado?

Preliminar.


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