La débil tesis gubernamental del crecimiento

Ha pasado un nuevo 6 de agosto y el Gobierno de Evo Morales ha vuelto a presumir sobre el crecimiento y estabilidad macroeconómica de Bolivia como prueba fiel de su buena gestión; desde 2008 que el país no crecía a una tasa que supera el 6 por ciento del PIB como la que se espera obtener hasta fines de 2013, pero luego de seis años esto aún no parece despertar sospecha en la opinión pública en general.

Arce Catacora afirma que el crecimiento y la estabilidad macroeconómica se sostienen pese a la caída de los precios internacionales de materias primas gracias al impulso que se le ha dado a la demanda interna, y que incluso se estaría empezando a vencer el desafío de la exposición a los shocks externos, contrariamente a lo que sostienen los neoliberales.

Además de que estas afirmaciones son temerarias para cualquier economista contemporáneo serio, el ministro estrella del Gobierno de Morales comete dos errores graves, uno de diagnóstico y otro de prescripción: por un lado, es cierto que se ha registrado una caída en la cotización internacional de materias primas, sobre todo mineras, debido a la considerable desaceleración de países como China e India y su consecuente restricción de demanda, pero a pesar de ser una caída de 6 puntos porcentuales desde el inicio de la Gran Recesión en 2007, los precios todavía se mantienen muy por encima del promedio de los últimos seis años, por lo que la explicación sobre el entorno internacional que se sigue en la avenida Mcal. Santa Cruz y la Ayacucho y Mercado para el establecimiento de las políticas macroeconómicas nacionales, es cuanto menos peligrosa.

Por el otro lado, el de la prescripción: Arce no miente al decir que el crecimiento se debe fundamentalmente al impulso de la demanda interna. Sin embargo, si las cada vez más y mayores empresas estatales no son más que un agujero negro que absorbe toda la cantidad de dinero que se le vierte sin producir absolutamente nada, ¿qué es lo que realmente impulsa el crecimiento? Pues el sistema bancario financiero desarrollado durante los últimos diez años. De ahí la intentona pseudo nacionalizadora del sector. El crédito interno crece a un alarmante ritmo de entre el 20 y 25 por ciento anual con la “bolivianización” o el nacionalismo monetario como base, que con un tipo de cambio correctamente fijo, pero equivocadamente apreciado, el país sólo importa consumo y encarece la inversión para todo lo que hoy debería estar produciendo precisamente para aprovechar los precios internacionales.

Pero no por tal motivo Bolivia ha evitado los efectos del reventón de la burbuja inmobiliaria estadounidense. Si la mirada estuviese enfocada en las políticas de monetización de deuda y fijación de tasas de interés a la baja por los principales bancos centrales del globo, y particularmente de la Reserva Federal, se entendería que la recuperación de los precios de materias primas desde 2008 se debe a que EE.UU. no ha evitado una segunda Gran Depresión, sino que la ha postergado a cambio de agravarla creando nuevas burbujas paralelas como las del dólar, las letras del tesoro y los bonos soberanos.

En Bolivia todavía hay tiempo. Para Brasil, Argentina y Venezuela, en cambio, la crisis no ha llegado del exterior, sino que incubaron problemas domésticos durante mucho tiempo. En el corto plazo gastaron a manos llenas y consolidaron el derroche fiscal durante una década, pero llegado el largo plazo, con tipos de cambio demasiado apreciados, consecuentes devaluaciones, controles de precios y proteccionismo, viven las consecuencias en forma de inversión colapsada, desempleo, inflación descontrolada, revueltas callejeras e ingobernabilidad. Para cuando la recaída estadounidense sea mucho más evidente, estas economías tendrían ya que haber abandonado sus rigideces productivas y laborales para readaptarse rápidamente una nueva estructura de la demanda.

Si la arrogancia cortoplacista de nuestro ministro todavía le permite ver lo que sucede en su entorno, se dará cuenta de que este problema tiene su firma, pero si además tiene un buen olfato político, o cambia de rumbo radicalmente para detener esta insostenible fiesta del crédito interno, o se va en su mejor momento.

Artículo publicado en América Economía, Los Tiempos, Página Siete, El Día y Economía Bolivia.

5 Comments

  1. Gracias por este analisis. No soy economista. Pero gracias a la escuela de pensamiento economico Austriaca (haber leido y visto videos en inernet desde hace algunos años) pude comprobar en persona lo acertado en mucho mas de una ocasion sobre las predicciones. Espero continues con exito tus labores. Saludos

  2. Como siempre correctas apreciaciones Mauri. Agregaría simplemente que Arce, en su manipulada lectura de la realidad, obvia decir que la demanda interna depende cada vez mas del gasto publico que a su vez depende cada vez mas de los precios del gas firmados y negociados bajo una formula neoliberal…y que esta formulita se acaba el 2019.

  3. Tienes toda la razón. No había tomado en cuenta los contratos, pero creo que no se le haría justicia al problema si no es con un otro artículo que lo trate exclusivamente. Pendiente.

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