Privatizar las carreteras hoy

En septiembre de 2001, José María Bakovic fue elegido por el 90% por ciento del Congreso por intachable trayectoria profesional para ser el primer Presidente Ejecutivo del Servicio Nacional de Caminos Institucionalizado, es decir, por si los desafíos que representan vertebrar la complicada topografía y aún muy deficiente articulación vial en el país fueran poco, asumió la misión encomendada de transparentar los procesos de adjudicación para el mantenimiento de antiguas carreteras y construcción otras nuevas.

Más de una década más tarde, el fallecimiento de José María Bakovic a los 74 años de edad, por enfrentar más de 70 juicios del Estado en su contra, en 7 departamentos del país, y durante 8 largos años por su trabajo, ha causado consternación e indignación, ha apuntado a la separación de poderes y la absoluta deficiencia del sistema de justicia en el país, sobre todo en cuanto a la presunción de inocencia y el debido proceso. Sin embargo, a pesar de todo el esfuerzo, la institucionalización de esta empresa estatal que administra una ingente cantidad de recursos públicos continúa pendiente; desde que el calvario al que el señor Bakovic fue sometido empezó en 2006, los problemas en esta institución no han sido solucionados, muchos menos mitigados, y sus consecuencias están agravándose de manera notable, por lo que al menos algo de sospecha levanta.

Imposible dudar de la capacidad y honradez de Bakovic; las innumerables manifestaciones públicas de apoyo y muestras de afecto desde que empezó a ser víctima del Estado al que sólo buscó servir así lo demuestran, algo que casi nunca se ve en el país, mucho menos en estos tiempos de tanta impostura. Pero ya que ha quedado claro, una vez más, que la institucionalización de las empresas del Estado resulta una tarea imposible incluso para alguien como el señor Bakovic, existe una manera de lograr que las infames carreteras más peligrosas del mundo logren un óptimo social en todo sentido, salvando vidas, reduciendo la contaminación, ahorrando dinero y grandes cantidades de tiempo de los ciudadanos, y haciendo que el transporte deje de ser un enorme dolor cabeza por la elevada congestión del tráfico: la privatización inmediata, absoluta y sin concesiones de las carreteras del país. Y no se espante, aunque en este caso cómplices e inescrupulosas, el dinero sigue llegando a manos privadas de todas maneras.

A diferencia de los países desarrollados cuyos presupuestos gubernamentales dependen fundamentalmente del cobro de impuestos a sus ciudadanos, el financiamiento de gobiernos como el de Bolivia depende de la renta que obtienen de los recursos naturales que controlan y acaparan. Es por esto que los ciudadanos no perciben tan evidentemente la manera en que son obligados a pagar por un servicio que no valoran; el gobierno simplemente decide y destina su dinero a lo que asegura es mejor para ellos, o simplemente lo entrega a quien mayor presión corporativa ejerza.

Las carreteras privadas no se financian asaltando el bolsillo del ciudadano o acaparando las rentas que les pertenecen; para su construcción y mantenimiento, los empresarios invierten su dinero y luego cobran el peaje sólo a los usuarios; son construidas sin externalizar los riesgos del proyecto en forma de “comisiones” o incremento de impuestos en la falta de la provisión de sus servicios; son construidas por auténtica demanda del mercado en el marco de acciones voluntarias; sólo son viables en la medida que conduzcan a alguna parte; son viables hoy en países desarrollados, como ayer en la Inglaterra del siglo XIX; son posibles tanto países aún en vías de desarrollo como Chile, como incluso en lugares que se levantaron luego de ser víctimas del comunismo hasta 1989. No discutirlo es simple complacencia y consentimiento en un problema cuyas consecuencias son responsabilidad de quien siempre ha estado a cargo: el Estado.

Hoy José María Bakovic ya no puede seguir defendiéndose, pero esto no quiere decir que haya sido vencido. Sin tener que necesariamente llegar maldecir el día en que decidió dedicarle su vida profesional al servicio público, la privatización de las carreteras es la única manera de lograr su misión y finalmente hacer justicia por él y por quienes mueren de pie, es lo que terminará de honrar el nombre de quien sufrió la tortura del Estado en cuerpo y alma.


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