Monte dei Paschi: Complacencia sobre el estado de la banca europea

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Cuando desde hace algunos meses la incertidumbre sobre el Brexit volatilizaba los mercados, cuando el Deutsche Bank mantenía en vela a los ciudadanos europeos respecto de la estabilidad económica de Alemania, o incluso cuando la incertidumbre sobre las elecciones estadounidenses supuestamente ponían en vilo a los principales mercados de capitales, varios analistas connotados se mostraron escépticos, pues preferían concentrarse en problemas relativamente mayores: Italia.

Italia se mantenía como el mayor riesgo fundamentalmente porque, de acuerdo con los últimos tests de estrés, el conjunto de bancos italianos tiene un problema de €360 mil millones en préstamos de difícil cobro contra €225 mil millones en participaciones, una brecha imposible de cubrir antes del vencimiento de plazos con una economía sobreendeudada y que apenas crece. De esta manera, son al menos 8 grandes bancos italianos peligrosamente cercanos a la insolvencia y sin cifras realmente claras respecto del tamaño del agujero, entre el ellos Monte dei Paschi di Sienna, con casi 6 millones de clientes.

¿De dónde deriva el agravamiento de las expectativas sobre la banca italiana? Pues como no podía ser de otra manera, del ámbito político.

Matteo Renzi propuso un referéndum constitucional para el pasado 4 de diciembre, que no tenía que ver directamente con el estado de la banca, pero por el que si perdía renunciaría como lo hizo. Al renunciar, la gestión que realizaba respecto del estado económico en general y de la banca en particular, quedaría truncada.

Por un lado, al haber votado No, la ciudadanía podría estar buscando el impago de la deuda y salida del euro probablemente para retornar a la lira y poder devaluarla para autofinanciar sus cuentas al más puro estilo argentino, o en la expectativa de que el Banco Central Europeo finalmente salga al rescate mediante la emisión de eurobonos y patee el ajuste hacia adelante indefinidamente. Por el otro lado, Renzi no propuso pues el referéndum para ir contra el establishment como en el caso del Brexit, que todavía tiene un buen trecho para discutir en la Casa de los Comunes si su utilidad final era sólo para renunciar a la burocracia y el poder político de la Unión Europea, o también a los beneficios de la globalización y el libre comercio, sino para mantener el status quo solucionando parcial y momentáneamente el problema de la banca. Sin embargo, las reformas estructurales necesarias son la reducción radical del número de atribuciones y competencias del Estado italiano y la burocracia europea sobre la economía, además de la capitalización individual de las pensiones de jubilación.

Aunque nadie quiera reconocerlo, las perspectivas sobre la banca italiana se han tornado aun más negativas porque ante el deterioro de su balance recae la posibilidad del rescate (bail-out) con recursos del contrinuyente italiano o alemán, o el financiamiento forzoso del Estado mediante la confiscación de depósitos al más puro estilo chipriota como en 2013. Y esto último ha sido siempre una posibilidad latente, pero ahora es cada vez más probable.

Parece que la solución hasta el fin de semana sería la que poponía Renzi: el rescate del Monte dei Paschi consistiría en una inyección temporal del Gobierno de €2.000 millones para capitalizarlo hasta el 40%, comprando bonos junior para convertirlos luego en acciones forzosas; un bail-in.

Como dijimos esto sería temporal, pero lo último que debe suceder es que el BCE entre en escena rescatando toda la banca italiana, y peor aún, al resto de la banca europea con préstamos incobrables que tampoco aclaran el tamaño del agujero. Esto sí que significaría postergar las reformas a cambio de agravar la situación, pero si acaso no se rescatara al Monte dei Paschi así como en EE.UU. se dejó caer a Lehman Brothers, dada la resistencia del poder político las reformas estructurales se darían solamente por medio del desastre, el caldo de cultivo perfecto para el radicalismo político más consabido. Por cualquier vía habrá problemas, pero que serán peores mientras más se tarde en darles solución de raíz.

Finalmente, por si lo sucedido con Bankia, Chipre, el Deutsche Bank y ahora Monte dei Paschi, no hubiera sido ya suficiente para provocar una paulatina desbancarización allá donde hubieran relativas sospechas respecto del nivel de capitalización y solvencia de la banca, lo mínimo que debe hacerse en Bolivia, en tanto se mantengan niveles demasiado elevados de gasto, déficit fiscal y endeudamiento gubernamental, es revisar la calidad del balance de la banca antes de que, así como en la Unión Europea, se le exija recapitalizar e incrementar préstamos al mismo tiempo.

Preliminar.