Bitcoin, el oro digital que abunda en los bolsillos virtuales

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Hay un debate abierto en torno a si este fenómeno de mercado es o no una alternativa al actual papel moneda.

¿Es el bitcoin la moneda del futuro? Este activo financiero que cada día se instala en los bolsillos de más adeptos, si bien a día de hoy no puede ser considerado dinero como tal, parece ser que el mercado está encontrando en él una posible alternativa al papel moneda actual.

El economista Mauricio Ríos García advierte que es “peligroso” catalogar a esta criptodivisa como una moneda, pues para que se convierta en tal tiene que atravesar un proceso muy largo en el tiempo hasta adaptarse al mercado. Por ello, quien determina lo que es dinero y lo que no, no son ni los economistas ni los gobernantes, sino el mercado, que es el que va aceptando las mejores formas de pago a lo largo del tiempo.

“Es muy peligroso considerar el bitcoin como una moneda. De momento está siendo un activo financiero que está permitiendo muchas cosas, pero que no está terminando de ser una moneda todavía (…) Bitcoin es por ahora un código que está permitiendo el intercambio de servicios y productos internacionales sin necesidad de pasar por el sistema financiero internacional”, apunta Ríos García.

El oro digital

El bitcoin es el nuevo oro digital, pues en los últimos meses ha alcanzado niveles de cotización que superan al del elemento químico, gracias también a su regularización en Japón.

Según datos de la plataforma Blockchain, el bitcoin ha aumentado en un 500% su valor en un año, situándose a finales de esta semana en los 2.435 dólares.

Pero, más allá del comportamiento de su cotización al alza, Ríos García asegura que el valor del bitcoin lo genera su escasez, algo que él señala como “una de las grandes características” de la criptodivisa.

“Una de las grandes características del bitcoin, así como el oro, es que es escaso y la escasez genera valor”, subraya.

Al contrario de lo que ocurre con el sistema del papel moneda, en el que  los gobiernos monetizan la deuda o, lo que es lo mismo, crean más y más monedas para saldar deudas, lo que hace que pierda valor y  derive en inflación, el bitcoin tiene una cantidad limitada de producción.

Según Blockchain, hay 16.366.000 bitcoins en circulación, cerca de su techo de 21 millones, pues así lo programó el diseñador de la criptodivisa; por lo que surge la duda de qué pasará con su cotización cuando el número de bitcoins alcance su umbral.

Sin embargo, Ríos García asegura   que el valor de un activo financiero como el bitcoin no está determinado por el comportamiento de cotización sino, más bien, por la función que cumple en el mercado, es decir, por su valor de uso.

“Lo que más importa del bitcoin es la función que está cumpliendo en el mercado, es decir, si tiene un valor de uso, si está yendo a cubrir una demanda real efectiva en el mercado o si, simplemente, es un activo de especulación”, manifiesta el economista.

A pesar de la dificultad de determinar el uso que se le da al bitcoin, Ríos García objeta que lo que impulsó la cotización del Bitcoin al alza fue el intercambio de sustancias controladas o narcotráfico. Su alcance hoy incluye el pago de una hamburguesa en Japón.

Rol en el sistema financiero

Según explica Ríos García, lo más importante para el debate del bitcoin sobre su verdadero rol en el sistema financiero internacional, es que podría estar sirviendo como una alternativa ante el “deterioro” y la “eventual crisis terminal” del sistema actual.

El bitcoin se aleja de los controles de los gobiernos,  ya que “burla” sus regulaciones, por lo que es una criptodivisa que funciona a pesar de la aprobación o rechazo de ellos.

“Lo que sucede con bitcoin es que está funcionando no porque los gobiernos, o incluso los parlamentos, acepten o no el uso de esta moneda, sino a pesar de ello”, subraya Ríos García.

El hecho de que la emisión del  bitcoin esté limitada es lo que le da credibilidad a esta criptodivisa, ya que no es emitida por ningún Gobierno y, por lo tanto, detrás de ella no está el tesoro de ningún país respaldándola.

El código informático que hay detrás del bitcoin fue creado en el año 2009 por un programador que se esconde bajo el pseudónimo de Satoshi Nakamoto. Tras su penetración,  ha empezado a sonar con fuerza el nombre de otras criptodivisas como el ethereum, que está ganando cada vez más cuotas de mercado y que podría hacerle sombra al bitcoin.

“La competencia de monedas siempre es buena”, afirma Mauricio, quien argumenta que es señal de que no van a perder su valor conforme pase el tiempo ni en función de su penetración y de su liquidez.

Pero, ¿son estas criptodivisas una moda o han venido para quedarse?

Mauricio, quien se considera un escéptico optimista respecto al futuro de la misma, reconoce que le encantaría saber que han aterrizado para quedarse, pero duda de la posibilidad de que llegue a convertirse en una moneda internacional.

“No creo que yo mañana pueda ir con mi billetera a comprar una hamburguesa. Existe esa posibilidad ahora, pero no en cualquier lugar ni en cualquier momento. Me encantaría que fuera así pero no creo que vaya a suceder pronto”, concluye.

Bolivia prohíbe su uso

El Banco Central de Bolivia (BCB), mediante la resolución de directorio 044/2014, prohibió el uso de las monedas virtuales en el país.

Según el directorio, está prohibido el uso de monedas no emitidas o reguladas por Estados, países o zonas económicas y de órdenes de pago electrónicas en monedas y denominaciones monetarias no autorizadas por el BCB en el ámbito del sistema de pagos nacional. Esto se aplica para el  bitcoin, el namecoin, el tonal  bitcoin, IxCoin, devcoin, freicoin, 10coin, liquidcoin, peercoin, quark, primecoin, feathercoin y otras que no pertenecen a ningún  Estado, país  o zona económica.

“En consecuencia, su uso y emisión no está regulado, pudiendo ocasionar pérdidas a sus tenedores”, señala el BCB.

A pesar del dictamen del BCB, el economista Mauricio Ríos García sostiene que será el mercado  el que en un muy largo proceso de prueba y error termine adoptando la moneda que más crea  conveniente en virtud de su capacidad de no perder valor conforme pasa el tiempo e indistintamente de lo que haga o diga el Estado.

“El oro, por ejemplo, que a pesar de haber sido confiscado a principios del siglo pasado por los gobiernos para introducir forzosamente el dinero de sus bancos centrales en la economía para autofinanciarse, llegó a ser el mejor dinero posible en un proceso de entre 4.000 y 6.000 años, y no gracias a los gobiernos, sino a pesar de ellos”, dice.

María Ortiz García, Inversión, Página Siete.