La lección más útil de ‘crisis investing’

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“The game of life is the game of everlasting learning. At least it is if you want to win”. – Charlie Munger

Nuestro mensaje es tremendamente impopular. Como diría Paramés, “el Warren Buffett español”, ir a contracorriente es doloroso incluso físicamente, pero hay que pensar en frío y tener los pies sobre la tierra. Guarde esta útil lección de crisis investing debajo de su almohada.

Es apasionantemente interesante lo que hemos ido viendo en este poco tiempo desde que iniciamos con Crusoe Research en septiembre de 2014 y con Genea Wealth Management S.A. en agosto de 2016, y lo único que al menos por el momento se puede decir es que, actuando de acuerdo a probabilidades y no de certezas, seguimos definitivamente en el camino correcto. Y por nada más vamos a compartir lo que mejor hemos aprendido haciendo empresa en este breve período, y lo que además hemos aprendido estudiando, discutiendo y viviendo de primera mano la Gran Recesión: no sólo que hay que tener cuidado con la euforia y el sobreoptimismo generalizado, sino que hay que saber actuar en consecuencia y obtener un legítimo beneficio.

Para la elaboración de un plan B primero hay que conocer muy bien los errores y las debilidades del plan A, aquellas que muy insistentemente advertimos ya desde 2013 o incluso 2010, mucho antes de la caída petrolera de 2014.

La situación general de la economía de Bolivia es la siguiente:

  • El crecimiento nacional está en franca desaceleración, y sus datos son dudosos no sólo por inconsistencias técnicas en su cálculo y reporte.
  • Se registra una fuerte caída de las reservas internacionales.
  • Fuerte caída sostenida de la Inversión Extranjera Directa.
  • Fuerte caída de las exportaciones (44%) superiores con balanza comercial negativa.
  • Muy alto déficit fiscal por cuatro años consecutivos, en un muy elevado nivel proyectado del 7.8% para el cierre de 2017, y con el presupuesto de gasto más elevado nunca.
  • Caída de ingresos por materia de hidrocarburos en más del 60% desde 2014 y por recaudación del 6% desde 2015, a medida que el país se convierte en uno de los países con mayores niveles de impuestos del mundo.
  • Caída de depósitos en sistema financiero por primera vez en 13 años, e incremento simultáneo y sistemático de la mora, sobre todo en el sector inmobiliario y de la construcción (los de mayor estímulo, dinamismo y aporte al PIB). Paralelamente, las tasas siguen forzosamente a la baja; el crédito jamás ha estado tan expandido pero el público no lo está tomando, señalando uno de los elementos más importantes de descoordinación y necesidad de ajuste estructural.
  • Niveles alarmantes de endeudamiento externo.

Problemas de enfoque diametralmente opuestos

  • Es falaz atribuir los problemas económicos de Bolivia a la caída petrolera
  • El problema no es de falta de ingresos por la caída petrolera, sino de exceso del gasto desde 2006.
  • El problema no es de falta de demanda agregada, sino de exceso fundamentalmente de oferta monetaria y crediticia.
  • Los problemas económicos del país no son coyunturales, aislados ni mucho menos pasajeros, sino estructurales, generalizados y de largo plazo.
  • No se necesita más bolivianos para seguir gastando, sino más dólares para por fin empezar a ahorrar luego de más de una década de hiperestímulo del gasto, el consumo y el sobreendeudamiento.
  • La discusión no es sobre si el Estado administró mal muchos recursos, sino sobre si debe estar encargado de hacerlo siquiera. 

Y finalmente, ante el alejamiento del último titular de Hacienda, las tareas inmediatas son:

  • Susceptibilidad sobre la calidad y disponibilidad de datos estadísticos, indicadores y métodos de cálculo de la economía y las finanzas públicas.
  • Subvención a hidrocarburos.
  • Asignación de recursos político territoriales.
  • Hiperregulación del sistema financiero.
  • Credibilidad y cuentas del Banco Central de Bolivia.
  • Posición para renegociar deuda soberana con acreedores internacionales (planes ya no pueden girar sobre cepalismo inicial al que destinan esos recursos).
  • Auditoría de cuentas a las AFP.

Pero esto es lo que ya está viendo todo el mundo. Por lo general, cuando los problemas más serios aparecen en las noticias o los diarios, ya es demasiado tarde. Es decir, las oportunidades para ser el primero en decidir que el último centavo del auge ficticio lo gane alguien más, son cada vez más estrechas con cada día que pasa.

Ahora bien, solamente después de todo esto, y sin haber entrado siquiera en el análisis y diagnóstico sobre la fragilidad de la economía global, nuestro principio es no descuidar la propia solvencia y liquidez siendo prudente cuando nadie lo está siendo, y más osado cuando tampoco nadie lo es, siguiendo tres principios básicos fundamentales:

  • Siguiendo a Carl Menger, el valor de un bien no está determinado por ninguna propiedad inherente, ni por la cantidad de trabajo requerido para producirlo, sino por la importancia que un individuo le otorga para lograr sus fines.
  • Sin embargo, en términos de inversión, esos fines tienen una limitante inherentemente económica. También de acuerdo con Menger, la liquidez se explica por la capacidad que tiene una mercancía o activo de no perder valor conforme se incrementa su cantidad vendida.
  • Y que toda crisis económica generalizada está caracterizada por la necesidad de corregir los errores que se cometió e indujo a cometer durante la etapa de un auge que en gran medida fue ficticio.

Todo esto, entre otras cosas, quiere decir que, durante el auge, la gran generalidad del público ha adquirido una cantidad innecesaria de activos de muy mala calidad o con muy poca capacidad de retener valor, y de los que en una nueva etapa de ajuste serán muy difíciles de liquidar a buen precio, entonces cuanto más tarde un inversor en limpiar su balance liquidando malos activos, menores oportunidades habrá de sostener su solvencia.

Esta clase de activos, tales como una grúa, un departamento de una o cuatro habitaciones, un centro comercial o una red de tiendas propia, suelen estar caracterizados por ser muy específicos, indivisibles y con una utilidad muy específica, más aún si la actividad o sector económico al que pertenecen fue particularmente solventada con subsidios o políticas de estímulo y crédito fácil sin responder necesariamente a una demanda real efectiva de mercado.

Sus inversiones no pueden ni deben depender de las condiciones macro. Usted sabe que tiene que hacer algo al respecto, su instinto le dice que lo haga ahora, y nosotros podemos ayudarlos a encontrar alternativas consideradas por estos principios infalibles como seguras y de largo plazo. Lo contrario sería simplemente continuar en este peligroso juego: