Breve crítica del legado metodológico de Samuelson

El aporte de Samuelson ha tenido tal impacto que sus textos han ocupado lugar en la biblioteca de todo tipo de economistas durante décadas, su metodología ha sido aplicada en universidades centenarias, ha sido actor en escenarios tan importantes como el de la Casa Blanca, y ha sido inspiración para asumir el desafío de una crisis económica de magnitudes globales.

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) anunció la muerte de Paul A. Samuelson a los 94 años de edad, un domingo 13 de diciembre de 2009. Sin duda, un hombre polémico que no será olvidado por seguidores, pero tampoco por detractores del método científico que desarrolló a lo largo de su vida para interpretar los problemas económicos.

Lo primero que a un economista de estos tiempos podría recordarle el nombre de Paul A. Samuelson, es la rigurosidad matemática con la que desarrolló contribuciones como las de la estática comparativa en el campo de la economía. Eso le valió el máximo galardón científico en 1970 y el reconocimiento como uno de los más grandes economistas del Siglo XX.

Samuelson siempre fue conocido por ridiculizar los métodos alternativos a los de la modelización y formalización matemática como “no científicos”, relegando los problemas económicos solamente para aquellos que entendieran su lenguaje, asegurando además, que la máxima evolución de la ciencia económica ya se encontraba en los escritos que había desarrollado desde 1947 con su Foundations of Economic Analysis.

En las ciencias naturales existen laboratorios en los cuáles uno puede desarrollar experimentos que permiten aislar fenómenos de los elementos que los provocan. En la ciencia económica no existe tal cosa, aunque la modelización y formalización matemática podría ser la réplica más cercana de los experimentos desarrollados en un laboratorio.

Por medio de métodos matemáticos y estadísticos, la econometría establece relaciones funcionales entre incontables variables económicas. Por ejemplo, se desarrolla un conjunto de ecuaciones que constituyen un modelo econométrico para analizar, interpretar y predecir diversos sistemas y variables como el precio, las reacciones del mercado, los costos de producción, la tendencia de los negocios y la política económica.

En las ciencias naturales, el empleo de las matemáticas permite a científicos formular la naturaleza esencial de los objetos, y muy a pesar de la misteriosa sabiduría que los modelos econométricos proyectan, no se supone que la ciencia económica trate con objetos, sino con seres humanos.

La principal característica de los seres humanos es que somos animales racionales. Cuando Carl Menger (1871) desarrolló la teoría subjetiva del valor sin el uso del método cuantitativo, partió de la idea de que existía un vínculo causal entre los valores subjetivos que están detrás de las elecciones de los consumidores y los precios objetivos utilizados para los cálculos monetarios.

Los seres humanos utilizan sus mentes para sostener su nivel de vida, y el uso de la mente no sigue ningún tipo de procedimiento automático, o lo que es lo mismo, cada individuo emplea sus conocimientos en sus propias circunstancias. Es esto lo que hace imposible para las matemáticas, capturar la esencia de la naturaleza humana.

En este sentido, los individuos tienen la libertad de elegir entre sus opciones y hacer cambios el momento que crean conveniente y cuantas veces fuese necesario, corrigiendo el error que cometieron en el pasado o aprovechando el resultado que encontraron con determinada acción. Este es uno de los elementos que el análisis económico cualitativo considera para seguir desarrollando ciencia prescindiendo, en la gran mayoría de casos, de la modelización matemática. El empleo de funciones matemáticas, en cambio, implica que las acciones de los individuos sean motivadas por una serie de factores determinados por otros individuos en forma arbitraria.

Lo que en realidad estamos tratando de decir es que los actores observados son demasiado complejos como para que sean reducidos o limitados a componentes absolutos, y la distancia que existe entre la modelación matemática y la realidad es cubierta con la intervención de los procesos de mercado que tratan de acercar la realidad a los modelos, y no los modelos a la realidad.

Samuelson, sin embargo, también reconoció que “en donde verdaderamente se cometen errores, es en la formulación de premisas”, lo que en realidad quiere decir que los modelos matemáticos solamente son perfectos en la medida que la interpretación de quien los construye también lo sea. Es éste es el punto exacto del que parte nuestra crítica respecto de la aplicación del método de las “ciencias duras” en la interpretación económica.

El argumento comúnmente aceptado para intervenir la economía, ya que hablamos de intervención, es que los mercados son imperfectos, y en realidad estamos de acuerdo, es un proceso radicalmente imperfecto, pero que no puede ser desarrollado a través de la vigilancia de la imperfección humana. La corrección de los mercados solamente puede darse a través de la competencia entendida como un proceso de descubrimiento, es decir, la capacidad de aprendizaje que los individuos reconocen de sus errores y la creatividad que desarrollan para corregirlos.

Cuando Samuelson publicó en 1947 el libro que más tarde se convertiría en el manual de economía más vendido de la historia, fue traducido a 22 idiomas, incluido el ruso. Esto porque Europa del Este presuponía (aunque tuvieron que pasar más de cuarenta años para que en la práctica se demostrara lo contrario) que una economía socialista no solamente podía funcionar, sino incluso prosperar, y el aquel método de planificación o modelización extrema de la escuela neoclásica representaba uno de los caminos para conseguirlo.

A diferencia del método de otras escuelas, uno de los aspectos más interesantes a destacar de la síntesis neoclásica es el haber mantenido durante más de 60 años una abismal distancia con otras disciplinas de relación tan estrecha como el derecho, la política y la filosofía, a cambio de desarrollar su formalización a tal extremo que los problemas cotidianos de las personas terminan siendo discutidos en otros campos como el de la termodinámica, lo que además de hacer que los problemas de los individuos sean competencia de ajenos que, aunque fuesen tanto o más capaces que Samuelson, terminan tratándolos siempre con demasiada distancia de la realidad.

Artículo publicado en semanario Nueva Economía.

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