Mauricio Ríos García: “Los Gobiernos no cuestionaron en absoluto las medidas de la OMS”

Un dinámico portal especializado (www.riosmauricio.com) y su frecuente presencia en diversos medios van convirtiendo a Mauricio Ríos García en un nuevo referente del análisis económico en Bolivia. El experto conversó con OH sobre las singulares crisis económicas que afectan al mundo y al país.  

– ¿Es la actual crisis económica mundial la más grave de la historia moderna? 

– No, en absoluto. Ha habido definitivamente crisis peores, tanto en duración como en intensidad, como la Gran Depresión de los años 30 o las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Eso sí, las características de esta crisis, causada no necesariamente por la pandemia, sino por los confinamientos masivos y forzosos para encararla, son únicas.

En todo caso, lo que la política económica del conjunto de los países más importantes alrededor del globo viene haciendo, al menos desde el ataque a las Torres Gemelas en 2001 o la explosión de las distintas burbujas de activos que se vivió desde entonces hasta 2007 o 2008, es generar lo que dijo alguien como Charlie Munger, uno de los mejores inversores de todos los tiempos: “Tengo tanto miedo de que una democracia tenga la idea de que solo se puede imprimir dinero para resolver todos los problemas. Nadie había impreso tanto dinero por un período de tiempo tan largo sin que haya habido problemas. Esto es increíble. Nunca ha habido nada como esto. Estamos en un territorio desconocido. Estamos jugando con fuego”.

– ¿Cuáles son sus principales características y riesgos?

– Las principales características son que a medida que los gobiernos están cobrando cada vez más protagonismo, atribuciones y competencias sobre la economía más seguros están de que son capaces de resolver los problemas que ellos mismos han creado. Por ejemplo, así como errónea pero mayoritariamente se ha creído desde la Gran Depresión, los Gobiernos han incurrido en un incremento del gasto y la deuda pública, que ahora estamos ingresando en una etapa de incremento sincronizado de impuestos alrededor del globo como nunca antes se había visto; y, además, a iniciativa del país que se supone que debería tener la economía más libre del mundo. Siendo, además, que todo el dinero que ha creado de la nada para pagar la deuda o estimular los mercados para que dejen de caer no es suficiente.

Y entre los riesgos de esta práctica está primero el terminar dando forma al sistema financiero y monetario global en algo que nunca antes se había visto, y no necesariamente para bien, porque puede derivar en consecuencias sociales y políticas también sin precedentes.

– ¿A cuál crisis anterior se asemeja o es que tiene características muy propias?

– Los confinamientos masivos y forzosos, además de manera simultánea en todo el globo no tienen parangón alguno. Sin embargo, la política económica es tan absurda como la implementada por toda América Latina al menos desde los años 50, y que tuvo como consecuencia la época de la llamada “década perdida”, con distintos episodios de hiperinflación en la región, además como caldo de cultivo perfecto para todo tipo de experimentos políticos autoritarios e incluso dictatoriales para pretender restablecer el orden y la seguridad, aunque ya sabemos que eso ha derivado en escenarios todavía peores a los que así pretendieron solucionar. No es ninguna exageración. Las primeras economías del globo han llevado sus experimentos de política económica demasiado lejos.

– ¿Cuáles son los principales efectos de la crisis global en Sudamérica?

– Los mismos que en todo el mundo, aunque agravados debido fundamentalmente a su tradicional debilidad democrático institucional. Por un lado, les ha sido muy fácil a los gobiernos delegar su responsabilidad a un organismo como la Organización Mundial de la salud sin cuestionar en absoluto las medidas. Las han seguido a pies juntillas sin chistar, han decidido imponer su autoridad transgrediendo derechos fundamentales de las personas como nunca antes se había visto. Peor aún, lo han hecho casi con el consentimiento absoluto de su ciudadanía, al menos en un inicio, hasta que se dieron cuenta que los confinamientos podían servir hasta para tratar de contener la inflación, como en Argentina, que tuvo una de las cuarentenas rígidas más extendidas del mundo.

De igual manera, tampoco han dudado en seguir disparando el gasto, la deuda y acumulando déficits como lo hicieron desde mucho antes de la pandemia, siendo que previamente debieron hacer exactamente: generar ahorro y crear incentivos de inversión de largo plazo. Y a raíz de esto están generando una crisis económica generalizada que podía ser evitada. Lamentablemente recién empezaremos a ver las consecuencias de esta mala práctica un poco más adelante.

– ¿Cuáles son los principales efectos de la crisis global en Bolivia?

– La crisis de Bolivia es fundamentalmente propia, fue creada con la implementación del Modelo Económico Social Comunitario Productivo de Luis Arce Catacora y Carlos Villegas a partir de la estatización del negocio del gas en 2006. La pandemia y la manera en que se ha pretendido encararla es un factor agravante del problema, más no un factor causante. Es un modelo extremadamente agotado, y es cada vez más peligroso pretender resucitarlo.

En todo caso, a Bolivia le va a ser todavía más difícil conseguir financiamiento para su programa de gasto público desbocado y acumulación de déficit si acaso la Reserva Federal de EEUU (su banco central) decide iniciar al tapering, es decir, por empezar a retirar los estímulos monetarios o incluso incrementar tasas de interés antes de lo que los mercados de capitales esperan, a raíz del reciente dato de inflación que ha observado en los primeros cuatro meses del año. Es el más alto desde 2008, e incluso desde 1981 si se tienen en cuenta ciertos aspectos técnicos de dicho dato.

– ¿Qué está haciendo el actual Gobierno para conjurar esos efectos? ¿Cree que las contadas medidas que ha tomado fueron adecuadas?

– Las únicas medidas que permitirían al país evitar que extienda e incluso profundice su crisis son estructurales, es decir, las que harían dar un giro de 180 grados al modelo: que pase de ser una economía precapitalista, cerrada, que lo único relevante que exporta es gas y que consume todo lo que produce, a ser una economía abierta al mundo, que atrae capital privado internacional para invertir y competir tratando de satisfacer las necesidades de los mercados globales.

– ¿Cuáles son los mayores riesgos para la economía boliviana en este momento? 

– El mayor riesgo se asienta en el sector bancario y financiero no sólo por el tan bajo nivel de reservas que tiene el BCB para responder ante cualquier eventualidad en el sistema, sino porque, además de la deteriorada calidad del conjunto de su balance, creada durante la etapa del auge con créditos artificialmente baratos (o como fruto de la forzada “bolivianización” de la economía) que arrastra durante años, pronto deberá encarar el vencimiento de toda la cartera reprogramada ya desde antes de la renuncia de Morales en 2019, y toda la diferida por la pandemia a fines de este mes de junio. La incapacidad del Gobierno por conseguir financiamiento podría haber empezado a hacerse crónica, al no haber logrado emitir nuevos bonos soberanos pro 3.000 millones de dólares en los mercados de capitales como había prometido para el primer trimestre del año. Aparentemente apostaban todo a esa carta.

– ¿Cuándo y en qué circunstancias podría romperse la frágil estabilidad que actualmente tiene el país? 

– La que mencioné sobre el sector bancario y financiero. El escenario para el sector bancario y financiero es cada vez más delicado.

– ¿Qué medidas considera que deberían tomarse con carácter urgente y a mediano plazo para evitar esos riesgos?

– La medida más importante es conseguir financiamiento, pero el país ya se encuentra en un punto en el que, en el mejor de los escenarios, volvería a crecer a niveles anteriores a los confinamientos recién en dos o tres años, aunque lo consiguiera. Sin embargo, el desafío sigue siendo muy grande, porque la oportunidad de implementar medidas urgentes e ineludibles sin causar ningún sobresalto consecuente, se perdió hace mucho tiempo. Puede que Bolivia recupere cifras de crecimiento en el corto plazo y el Gobierno pretenda presumir de ello, pero no habrá sido más que un simple y anecdótico rebote estadístico, nada más. Para encontrar la senda del crecimiento sostenido, de largo plazo, se requiere de planes mucho más ambiciosos que el que podría comentar ahora mismo, pero que implican abrazar la libertad económica de la que hablan grandes economistas de la historia del pensamiento económico como Adam Smith, Ludwig von Mises o Friedrich A. von Hayek, que ha permitido a otros países levantarse de las cenizas y superar la pobreza de manera extraordinaria, por primera vez en su historia.

Entrevista con la revista OH! publicada el domingo 23 de mayo de 2021, por Los Tiempos.