Reseña: Faltaron los austríacos

Quienes tienen presente la idea de que, al menos desde la Revolución Marginalista, la economía no es una ciencia dura o mucho menos terminada, también contemplan la necesidad de seguir planteando preguntas sobre la dirección que ésta va tomando a medida que alrededor del mundo siguen sucediendo grandes colapsos bursátiles y marcadas recesiones que se prolongan hasta la depresión económica.

Si bien es sabido que la participación del Estado sobre la economía fue aún mayor con la llegada de la Primera y Segunda Guerra Mundial, y que son numerosos los trabajos de aporte a la ciencia económica al estudiar la Gran Depresión, el debate sigue en pie de la misma manera que hace ya ochenta años, y más aún cuando actualmente las economías más grandes del mundo se encuentran nuevamente al borde del colapso.

El trabajo de Napoleón Pacheco, “La Gran Depresión (1929-1939) con ojos bolivianos”, es un libro que aborda la investigación sobre aquel episodio y estimula un debate de muy grueso calibre no sólo porque desafía la comparación que, acertadamente o no, se hace de la crisis actual con la Gran Depresión, sino porque, al ofrecer una pronta publicación sobre los efectos de la economía mundial sobre la economía boliviana, también apunta a que en Bolivia se discuta con un amplio espectro las causas y efectos de estos fenómenos.

Una de las grandes virtudes del libro de Pacheco es que reúne el pensamiento de personajes tan importantes, polémicos y distintos al mismo tiempo, como lo son Joseph A. Schumpeter, John M. Keynes y Milton Friedman, tanto para la historia económica del Siglo XX como para la historia misma del pensamiento económico. Desde luego, el octavo y último capítulo del libro, que estudia cuatro hipótesis explicativas, las de Temin, Kindleberger, Labini y el mismo Schumpeter- sobre el origen de la Gran Depresión, se convierte en el foco de atención de esta reseña.

Pacheco desarrolla su explicación desde un punto de vista de monocausalidad o multicausalidad de la crisis, para finalmente adscribirse a la explicación multicausal e internacional de Kindleberger. Empero, como bien señala en la presentación, el trabajo no considera una serie de libros y artículos en inglés sobre el tema, lo cual será un punto relevante a lo largo de esta discusión.

Tal vez el debate más famoso del Siglo XX sobre la causa y naturaleza de la Gran Depresión haya sido el que sostuvieron F.A. Hayek y John M. Keynes, sobre el cual hablaremos más adelante, pero el más importante, sin duda, es el que antes sostuvo Ludwig von Mises con el Mismo John M. Keynes.

Fue un debate mucho menos extenso y famoso que el de Hayek y Keynes, pero es más importante debido a que Mises, al haber resuelto en 1912 en su Teoría del Dinero y el Crédito, la manera en que el crédito guarda tan estrechas interrelaciones con la estructura productiva, al ser la tasa de interés un fenómeno no monetario, establece la política monetaria como el origen medular de la Gran Depresión.

Aunque Keynes más tarde admitió no haber entendido la teoría miseana debido a sus limitaciones en el conocimiento del idioma alemán, criticó la misma argumentando que no era clara. Mises lo tomó como una ironía considerando que el problema de Keynes no venía por el lado del idioma, sino de su formación con Marshall y Pigou, el desconocimiento de Menger y Böhm-Bawerk, y su incomprensión del mercado como proceso al establecer soluciones planificadoras sobre agregados.

El aporte de Hayek en el debate con Keynes, es el de haber llevado la teoría miseana meramente monetaria a un plano que describiera y representara gráficamente los cambios en el patrón intertemporal de la estructura productiva: el Triángulo Hayekiano.

Existe cierto debate sobre cuánto podría haber complicado el Triángulo Hayekiano la comprensión de Keynes sobre la teoría miseana. No obstante, hasta el momento, lo evidente es que las falencias de Keynes al no haber desarrollado una teoría del capital terminarían jugando en contra de la Teoría General durante los 65 años que le suceden a su publicación original, no sólo para explicar las causas de la Gran Depresión, sino para no adoptar medidas que la agraven y prolonguen.

Es un hecho que Hayek haya destacado siempre los recuerdos personales que tenía de Keynes y las cercanías que ambos encontraban en materia filosófica. Incluso llegó a matizar la tan famosa frase de que en el largo plazo estábamos todos muertos. El propio Keynes llegó a tener una opinión muy considerada sobre el libro que Hayek escribió como crítica de la Teoría General, llegando a afirmar que se encontraba “moral y filosóficamente de acuerdo con prácticamente la totalidad del mismo” (sic). Probablemente sea Ricardo Crespo quien más haya estudiado este caso en Descubrir la Melodía, un libro sobre el pensamiento filosófico de Keynes que a la larga podría llegar a ser incluso tan importante para la historia económica como el trabajo biográfico de Robert Skidelsky.

Crespo sostiene que “posiblemente el error más significativo de Keynes haya sido titular su obra maestra como Teoría General, si consideramos que los estudios y conclusiones presentados en 1936 aplican únicamente al caso particular de una economía con desempleo de recursos, y en especial a aquellas específicas circunstancias de la gran depresión de los años treinta”.

No obstante, un verdadero erudito como Murray N. Rothbard, tal vez en una línea de mucho más marcada en la tradición de Mises que en la de Hayek, se encargó de afirmar en más de una oportunidad el hecho de “que Keynes fuera un keynesiano (del muy ridiculizado sistema keynesiano ofrecido por Hicks, Hansen, Samuelson y Modigliani) es la única explicación que tendría sentido en la economía keynesiana”.

De hecho, lo que Rothbard afirmó fue con autoridad. En 1963 publicó America´s Great Depression, un tratado aún no traducido al español sobre la Gran Depresión de los años 30, en el que empieza explicando primero la teoría del ciclo a la que responde, la crítica keynesiana de la misma, y todo el desarrollo posterior para explicar la manera en que se construyó todo el preludio de la Gran Depresión, dejando entrever que si bien los factores que desencadenaron la crisis son generalmente estudiados a partir de octubre de 1929, el origen se encuentra principios de la década del veinte.

Con la adopción definitiva del Pacto de Génova de 1922 de un sistema monetario que permitiera a los gobiernos regular la cantidad de dinero con el fin de mantener “estable” el poder adquisitivo del dinero, evitando “grandes” fluctuaciones en el precio del oro (lo que más tarde vino a convertirse no en el patrón cambio oro) y permitiendo también a los gobiernos la regulación de las tasas de interés a través de operaciones de mercado abierto, los bancos centrales podían realizar emisiones monetarias no sólo contra oro, sino contra divisas convertibles a oro y contra títulos públicos y privados. (Cachanosky, Juan C. 1989)

El colapso de 1929 fue provocado por la imprudente expansión del crédito en la que incurrió el sistema de Reserva Federal durante la administración Coolidge. En 1924, luego de una aguda caída de la economía, los bancos centrales crearon aproximadamente USD 500 millones en nuevo crédito, lo que llevó a una expansión bancaria de más de USD 4 mil millones en menos de un año. Mientras los efectos inmediatos de esta nueva expansión monetaria y crediticia eran aparentemente positivos, iniciando un nuevo retumbo económico y borrando la declinación de 1924, el resultado fue aún más desastroso del que pretendió evitar. Se trató del principio de una política monetaria que llevó a Wall Street al colapso en 1929 y la depresión siguiente. De hecho, la extensión del crédito de la FED en 1924 constituyó el inicio del New Deal bajo la administración Hoover. (Hans F. Sennholz, The Great Depression. The Freeman, 1975).

Esta argumentación guarda cierta semejanza con la de la monetarista, pero no llegan de ninguna manera a ser la misma. Las diferencias y semejanzas las describió Hayek en una entrevista de 1977: “Friedman es un anarco-positivista que cree que nada debe ingresar a la discusión científica, excepto aquello que esté empíricamente probado. Mi argumento es que conocemos tantos detalles sobre la economía, que nuestra tarea es poner nuestro conocimiento en orden (…). Nuestra gran dificultad está en digerir lo que ya sabemos. No nos volvemos mucho más sabios por la información estadística, excepto ganar la información sobre una situación específica en ese momento. Pero teóricamente, no creo que los estudios estadísticos nos lleven a alguna parte (…). Yo escribí hace 40 años que tengo fuertes objeciones en contra de la Teoría Cuantitativa, porque es un acercamiento muy crudo que deja fuera muchas cosas, pero ruego a Dios que el público en general nunca deje de creer en ella porque tiene una forma muy simple para ser entendida. Lamento que un hombre de la sofisticación de Milton Friedman no la utilice como un primer acercamiento, en lugar de creer que lo es todo. Por lo tanto, es realmente en las cuestiones metodológicas, en última instancia, en lo que nos diferenciamos.”

De esta manera, incluso se llega a denotar que el acercamiento entre el keynesianismo y el monetarismo es incluso más estrecho que el que podría existir entre Hayek y Friedman, y aún más si probablemente se llegase a hacer comparaciones con los estudios de Ricardo Crespo. Incluso podría decirse que quien más tarde terminó acercándose más a los argumentos de Hayek que a reforzar los propios fue el mismo Friedman, habiendo llegado a la conclusión de que la única manera de abstenerse de emplear la inflación como método impositivo era no tener banco central, temática sobre la que abundó en Should There be an Independent Monetary Authority? (1963) y Money Mischief (1992).

El desarrollo investigativo histórico de Pacheco en tan breve espacio sobre un tema tan complejo, es lo suficientemente riguroso como para encabezar el debate en Bolivia sobre el origen de las grandes depresiones y sus efectos colaterales. La riqueza en datos, profundidad y claridad de análisis deja, definitivamente, un precedente difícil de alcanzar pronto, pero además resulta en una merecida consideración como uno de los componentes de lo que sería una obra tal vez inédita en Bolivia.

 

Reseña
La Gran Depresión (1929 – 1933) con ojos bolivianos
Mario Napoleón Pacheco Torrico
Fundación Milenio, La Paz 2010
140 páginas

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