Del ‘efecto Carney’ y el giro chino

Después de la desastrosa semana de Bernanke, marcada por sus desafortunadas declaraciones en función de que los programas de estímulo monetario terminarían tan pronto como a principios de 2014, y que provocaron caídas bursátiles sobre todo en Wall Street, el inicio de julio ha marcado otra semana igualmente significativa para la coyuntura económica internacional, y en el contexto de una crisis que ya se acerca a su sexto año.

La primera semana de julio ha estado indudablemente identificada con el golpe de Estado egipcio y las revueltas brasileras, pero también por dos factores que aunque son mucho más relevantes han llamado mucho menos la atención: el cambio de tono del Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra, y el cambio de estrategia en la política económica china en el largo plazo.

Por un lado, luego de que en julio de 2012 Draghi dijera que haría “lo que sea necesario” para salvar el euro, el titular del Banco Central Europeo apuesta por un nuevo lenguaje y una nueva estrategia en la que aparentemente toma una posta con la Bernanke ya no puede ir ni más rápido ni más lejos. No obstante, el italiano no lo hizo solo. En este escenario aparece un viejo nuevo protagonista: Mark Carney. El gobernador del Banco de Inglaterra ha continuado con la estrategia que caracterizó su trabajo desde el inicio de la Gran Recesión en 2007 al mando del Banco de Canadá, que fue la de hablar fuerte y claro. Este nuevo dúo dinámico se propone tomar las riendas de las expectativas y la credibilidad afirmando que las tasas de interés se mantendrían en su nivel actual o que podrían ser reducidas aún más durante un tiempo prolongado de tiempo, si así fuese necesario.

Sobre todo luego del baldazo de agua fría de Bernanke, todo esto ha significado un repunte en los mercados bursátiles a pesar de la escalada de violencia en Egipto o incluso el temor de que la crisis política lusa termine convirtiendo a Portugal en el nuevo Chipre a pesar de las reformas que habría estado tomando en la buena dirección. El espaldarazo a Draghi por parte de Carney, y en realidad la posibilidad de que éste represente un nuevo liderazgo en la Unión Europea, solamente están generando una peligrosa complacencia política en unos tímidos brotes verdes como un incuestionable signo de recuperación fruto de la escalada de impuestos y la resistencia a establecer reformas estructurales significativas.

Por el otro lado, la otra noticia significativa la ha dado el ente emisor chino que parece haber decidido dar un giro de 180 grados, es decir, habría decidido provocar un fuerte descenso del crecimiento de las últimas tres décadas mediante una contracción crediticia gradual.

Pues bien. La combinación de estos dos aspectos, el que podría llamarse ‘efecto Carney’ y el cierre del grifo chino, podría dificultar con mucho la convicción de Draghi y Carney de que por hablar fuerte y claro sus políticas de crédito fácil finalmente apuntalarán la economía europea que aún mantiene la estructura obsoleta y ruinosa del Estado de Bienestar, y si además China, su principal socio comercial reduce su demanda. El escenario está cambiando y no necesariamente para bien.

Por el momento el mensaje político es al menos apresurado en destacar unos míticos “brotes verdes” que en realidad no son ni por casualidad un signo inconfundible del inicio de la recuperación, si el desempleo en un país como España está más cerca del 30 que del simbólico 20%. Si la cotización internacional de commodities se ha mantenido al alza desde aproximadamente finales de 2005 cuando incluso se ha registrado una considerable desaceleración de aproximadamente tres puntos porcentuales del PIB chino, ¿qué sucedería si la inflación de commodities termina finalmente siendo una inflación también del sector doméstico? Al igual que en EEUU, el peor escenario, aquel del estancamiento inflacionario, puede presentarse más temprano que tarde tanto en la Unión Europea como en Inglaterra si se empeñan en seguir inundando los mercados con dinero como lo hace su monetarista colega Ben.

Y si incluso se quiere ir más lejos, ¿será la renovada credibilidad de los banqueros centrales en mostrar que tienen la situación bajo control, una mayor desaceleración de la economía china o, por ejemplo, la consolidación del más ambicioso tratado de libre comercio entre EEUU y la Unión Europea la que finalmente determine el futuro de Occidente?

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