Crisis financiera: Quienes quieren desentenderse

El presidente Obama acaba de sostener que “en los últimos meses, el rendimiento de la economía ha sido mejor del que se esperaba”. Indudablemente, resultaría ocioso discutir esa idea si eso depende de cuáles fueron sus expectativas, pero no tanto si se discute el hecho de necesitar otro plan de estímulo y si el mejoramiento de la economía se debe a estas inyecciones de liquidez.

A pesar de que se estima que el déficit presupuestario del año fiscal estadounidense podría alcanzar los 1,8 billones de dólares, y de que la deuda la terminarían pagando los contribuidores, economistas como Roubini y los Nobel Stiglitz y Krugman, aseguran que el plan de estímulo más grande de la historia de 787.000 millones de dólares, aprobado el pasado mes de febrero por el Congreso, no solo no es suficiente, sino que es necesario un nuevo paquete de entre 200.000 y 250.000 millones de dólares adicionales para fines de este año o comienzos del próximo.

Para variar, los neoclásicos no terminan de entender la crisis y prefieren desentenderse mediante el estímulo. Argumentan que quienes se oponen a una nueva ronda de gastos “lo hacen por temor a que degeneren en inflación, pero como el problema más inmediato sigue siendo el de la deflación, la única preocupación debiese ser el desempleo”. Lo que en realidad hacen es viajar por el mundo con una receta millonaria bajo el brazo, perdiendo de vista que ahora se tiene la deuda más alta desde la Segunda Guerra Mundial.

De acuerdo con las últimas estimaciones del Fondo Monetario Internacional, el costo de tales medidas asciende a casi 12 billones de dólares, de los cuáles los países desarrollados han destinado 10,2 billones; los países de la UE han destinado 313.000 millones de euros a recapitalizar bancos, representando para el G-20 un déficit público promedio del 8,1% en 2009, frente al 1,1% de 2007. Por su lado, los países emergentes gastaron 1,7 billones de dólares, por el momento (Llamas, 08/09).

Ahora bien, ¿los signos de recuperación de la economía estadounidense son gracias al estímulo? Si un 90% del dinero destinado al mismo aún no fue gastado, como Casey Mulligan de la Universidad de Chicago, sostiene, ¿cómo pudo mejorar la economía, si el nivel de desempleo no se aleja de casi un 10%, y si las medidas de principio de año tardan medio año o más en hacer efecto?

Otro de los argumentos de los neoclásicos es que el problema de la actual crisis está en la falta de crédito, y entonces tratan de resolverla con deuda, es decir, la Reserva Federal disminuye el nivel de las tasas de referencia para que se promueva el crédito y la gente se siga endeudando. La única manera de resolver el problema de la deuda es honrándola, no postergándola. Es como que yo a usted le prestara para que me pague lo que ya me debe (¿?).

Afortunadamente, la Reserva empieza a entender este tema. Acaba de decidir ampliar los programas de rescate solamente por un mes, y anunció un punto final a las compras de deuda por parte del Gobierno. Sin duda es esa la señal correcta para empezar a frenar la crisis, y lo que todas las personas deben hacer a partir del anuncio, incluida la administración Obama, es ajustarse los cinturones, reducir sus gastos y asumir sus errores como lo hicieron en peores experiencias, y no dejárselos a algún asesor iluminado de la Casa Blanca, del Congreso o de la Reserva Federal, que resuma todo en “estimular o morir”.

Ahora, la discusión sobre si la recuperación es artificial o no, es un tema que queda pendiente, pero si de corolario sirve, la crisis es un problema más de carácter moral que de recetas económicas.

Artículo publicado en Los Tiempos y Hoy Bolivia.

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