Venezuela, tentando el colapso

En la primera semana de marzo, los medios reportaban el registro de 2841 homicidios en tan sólo dos meses en toda Venezuela, luego de acudir a las urnas para elegir más de 300 alcaldes y más de 2 mil concejales en diciembre. En el mismo período, la Guardia Nacional Bolivariana ha provocado al menos 21 muertos en protestas, que en un principio fueron estudiantiles, en reclamo por la inseguridad y la presión inflacionaria de más del 56%, el desabastecimiento de alimentos y productos básicos.

Es una paradoja que luego de que América Latina entera se haya estado beneficiando de un período al alza constante de materias primas durante más de diez años, el quinto país exportador de petróleo con las mayores reservas probadas de crudo pesado del mundo registre estos alarmantes indicadores de empobrecimiento y violencia generalizada, en vez de proyectarse como una economía moderna y desarrollada de largo aliento. ¿Cómo es que Venezuela ha llegado a esta aberrante situación?

Gasto, déficit y prioridades de corto plazo

Desde los inicios del chavismo en 1999, el incremento en la cotización del petróleo de 10.57 a 109.45 dólares por barril fue del 935.48%, una cantidad de rentas que al gobierno le han permitido priorizar una estructura de gasto que si bien le significaron considerables niveles de crecimiento de hasta el 18% del PIB, hoy es la economía en proceso de empobrecimiento más intenso de la región, tanto que el descuido de su principal fuente de captación de recursos, aunque aún registra niveles de reservas considerables, le ha significado convertirse en la única economía petrolera cuya producción ha registrado una caída en los últimos 25 años, hasta llegar a niveles de productividad por empleado de 1940.

Una de las principales características de esta economía reside en establecer subsidios (como a la gasolina) permanentes en calidad de derechos y no de privilegios. Pues, dado que todo recurso económico es escaso por definición, sobre todo comparado con los derechos creados, se ha recurrido al proteccionismo, los controles de precios y el incremento permanente de la deuda para mantener estos niveles de gasto, a cambio de provocar una aguda escasez de productos básicos e incrementos astronómicos de inflación, hasta verse forzados a establecer una libreta de racionamiento.

Inflación y malabarismos cambiarios: el principal problema

Pero la capacidad de endeudamiento también tiene sus límites. Con el fin de sostener los recursos estatales y reducir un déficit fiscal crónico, el bolívar fuerte cerró 2013 con una fuerte devaluación oficial de más del 30%, que aún no logra reducir las expectativas de inflación dado el estancamiento del incremento de los precios del petróleo, un muy fuerte descenso de sus reservas internacionales y desafíos derivados de la inestabilidad social y política.

Ahora, si bien la devaluación habría significado una mejora del tipo de cambio real en lo inmediato, la inflación oficial consecuente es objeto de serios cuestionamientos: entre 1999 y 2013 la inflación acumulada en realidad habría sido de más del 1200%, y según la universidad Johns Hopkins, la inflación anual se encuentra en el 266%, entre los niveles más elevados del mundo.

De esta manera, las relaciones de causa y efecto las explica Wilhelm Röpke: “el camino de la inflación reprimida termina en el caos y la paralización. Cuanto más empuja la inflación los precios hacia arriba, tanto más refuerza el Estado su aparato represivo; pero, tanto más ficticio se hace el sistema de los precios controlados, tanto mayor es el caos económico y el descontento general, y tanto más se debilita la autoridad de Gobierno o su pretensión de seguir ostentando un carácter democrático”.

Nicolás Maduro

Los emergentes y los riesgos de default

Asimismo, a los problemas internos de Venezuela se suma el cambio de política de la Reserva Federal que si bien en un principio provocó el incremento del precio de materias primas, ahora ha provocado el desequilibrio en las políticas cambiarias de las economías emergentes que en gran medida sostenían el crecimiento económico mundial y, por tanto, la demanda del petróleo venezolano.

Si bien el precio del petróleo sigue muy por encima del promedio de los últimos 10 años, las tasas en el mundo todavía se sostienen en bajos niveles y los flujos de caja estatales son cada vez más reducidos para su estructura del gasto. Por esto, en las últimas semanas PDVSA incrementó la deuda a una tasa todavía desconocida por 1000 millones de dólares con Gazprombank, para aumentar la producción petrolera de 70000 a 104000 barriles diarios, pero además se espera la firma de otro contrato de financiación por 1200 millones de dólares con Repsol.

Las calificadoras manifiestan preocupación por este ritmo de endeudamiento. Semanas atrás PDVSA anunció la emisión de un bono por 4500 millones de dólares para financiar proyectos financieros. Actualmente registra un monto de emisión en circulación de 27855 millones de dólares, cuyo 34% corresponde a vencimientos de 2017.

De la misma manera, las fuertes tensiones en Venezuela durante ya más de dos meses, han aumentado los riesgos de impago de deuda. Los Credit Default Swaps (CDS) a 5 años acaban alcanzan más de 1700 puntos, cuando a principios de 2013 no superaban los 600. Los bonos soberanos, por su lado, no paran de caer desde el anuncio de la enfermedad de Hugo Chávez.

Artículo para Fundación Milenio, publicado el 28 de marzo de 2014.

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