La captura de Maduro y el inicio del fin de la era del Socialismo del Siglo XXI
Como economista que ha seguido de cerca las distorsiones macroeconómicas provocadas por regímenes populistas en América Latina, no puedo sino celebrar el momento histórico que representa la captura de Nicolás Maduro. Este evento no es solo el derrumbe de un dictador, sino el colapso definitivo de un proyecto político-económico que, desde la caída del Muro de Berlín en 1989, se aferraba como un zombie a la región. El chavismo, esa aberración que pretendía revivir el marxismo bajo el disfraz de “socialismo del siglo XXI”, ha llegado a su fin. América Latina era el último bastión donde esta ideología se tomaba en serio, financiada por el petróleo venezolano que se regalaba a aliados como Cuba, Bolivia y Nicaragua. Hoy, con Maduro tras las rejas, muere esa letanía comunista que tanto daño ha causado: hiperinflación, expropiaciones masivas y una diáspora de ocho millones de venezolanos desde 2014. Para ellos, este es un júbilo merecido; el regreso a casa ya no es un sueño distante.
Una operación quirúrgica: una captura que no inicia la guerra
El 3 de enero de 2026, por la madrugada, fuerzas estadounidenses ejecutaron una operación impecable en Caracas. En apenas hora y media, Maduro y su esposa fueron extraídos de su cama y trasladados a Nueva York. No hubo resistencia significativa del régimen; solo 32 cubanos intentaron defender al usurpador. Los militares de EEUU bombardearon puntos estratégicos como la base aérea de La Carlota y el mausoleo de Hugo Chávez, pero sin abrir fuego contra civiles. Fue una extracción precisa, no una invasión al estilo tradicional. Decenas de miles de venezolanos en el exilio celebraron en las calles del mundo, con banderas, lágrimas y el himno nacional. La imagen de Maduro esposado, mientras su pueblo festeja afuera, es brutal e histórica: el cierre de una era opresiva.
Maduro no era un presidente legítimo; usurpaba el poder, robando elecciones –la última contra Edmundo González, quien ganó con el 67% según el recuento impecable liderado por María Corina Machado, merecida Nobel de la Paz–. Bajo su mando, el régimen masacró, torturó y secuestró a cientos, mientras la ONU y la Unión Europea miraban para otro lado con su habitual mediocridad.
El truco legal: narcoterrorismo como arma contra la dictadura
Aquí radica la genialidad: no se le capturó por dictador, sino por narcoterrorista. La operación fue liderada por la DEA, amparada en la Authorization for Use of Military Force (AUMF) de 2001, post-11-S. Trump invocó la jurisdicción universal contra el narcotráfico, evitando una declaración de guerra que requeriría aprobación del Congreso o del Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Viola esto el derecho internacional? No exactamente, al menos no las leyes estadounidenses. Maduro masacró a su pueblo durante 13 años sin que la comunidad internacional moviera un dedo; ahora, el doble estándar de los críticos sale a flote.
El Cartel de los Soles, liderado por figuras como Diosdado Cabello (acusado formalmente desde 2020) y Tarek El Aissami (con recompensa de $10 millones), convertía a Venezuela en un narcoestado. Los sobrinos de Maduro ya purgan sentencia en EEUU por tráfico de drogas, y su esposa participaba. Delcy Rodríguez, vicepresidenta y operadora política, permanece libre junto a otros, pero el régimen castrochavista queda decapitado. No hay simetría moral: entre una dictadura narcoterrorista y la acción para desmantelarla, la neutralidad es solo letargo funcional al opresor.
El llanto de la ultraizquierda: el mito del petróleo y la hipocresía ideológica
Los ultraizquierdistas del mundo gritan al cielo, posando de expertos en derecho internacional. Acusan a EEUU de actuar solo por el petróleo venezolano, citando supuestas declaraciones de Trump. Pero lo que dijo el presidente es claro: empresas estadounidenses como ConocoPhillips y ExxonMobil –a las que el chavismo debe miles de millones por expropiaciones y arbitrajes– se encargarán de recuperar la industria petrolera devastada. ¿Quién más podría hacerlo? El régimen regalaba crudo a Cuba y aliados, dilapidando la riqueza nacional en un esquema ponzi socialista que generó la peor hiperinflación de la historia moderna.
Esta narrativa del “robo imperialista” ignora que el verdadero saqueo lo perpetró el chavismo: destruyendo PDVSA, regalando recursos y dejando a Venezuela en la miseria. Como leí en Twitter/X ya no recuerdo a quién, pero que fue brillante: “si la legitimidad se mide por acciones y no por ideología, no hay juicio ético posible para defender a Maduro. Lo contrario es puro sesgo, disfrazado de neutralidad”. Es que la soberanía de un territorio no es pretexto absoluto para la imunidad de un dictador narcoterrorista que masacra a su pueblo y provoca la huida al exilio del 30% de su población.
Los desafíos pendientes: ¿libertad o nuevo polvorín?
Sin embargo, la misión no termina aquí. El régimen permanece intacto bajo Delcy Rodríguez, con 40 mil paramilitares chavistas y 7 mil de las FARC dispuestos a resistir para preservar el narcotráfico. Trump no mencionó a Edmundo González ni a María Corina Machado, hablando en cambio de que EEUU. “dirigirá” el país. Esto genera inquietudes: ¿usará China el mismo argumento para Taiwán? Ucrania parece una causa perdida, con un posible pacto Trump-Putin: “No me meto en Ucrania si no te metes en Venezuela”. Esto podría convertirse en un nuevo fracaso como con Afganistán, donde el retiro estadounidense fue un absoluto desastre.
La libertad está cerca, pero el precio podría ser alto. La oposición debe moverse con agilidad e inteligencia –no en meses, sino en días–. De lo contrario, Venezuela podría convertirse en un nuevo polvorín. Como economista, veo oportunidades: una transición ordenada y sensata hacia mercados libres podría revivir la economía, atrayendo inversiones y estabilizando no solo Venezuela, sino la región, pero tomará mucho tiempo, aunque depende de estos días, semanas, meses. Sin liderazgo interno sólido, el vacío de poder invita al caos. Este es un momento pivotal; que no se desperdicie en uno más de los innumerables ambages que hemos visto en los últimos 25 años.








