Con dolarización el Ueno Bank no pasaba

Hay una discusión que no puede dejar de ser abordada a raíz de la magnitud de la crisis en la que se ha traducido, y conviene abordarla. Yo planteo hacerlo con la siguiente afirmación: con dolarización y sin banco central, un Ueno Bank del tamaño que alcanzó en Paraguay no llega a existir; y si el abuso empieza igual, termina mucho antes, más barato y a la vista de todos. Veamos.

El 3 de noviembre de 2026 el Banco Central del Paraguay (BCP) abrió el procedimiento de resolución de Ueno Bank, el sexto banco del país, con unos 3 millones de clientes y $2.836 millones en depósitos a septiembre. Su índice de solvencia había caído por debajo de la mitad del mínimo legal. Cuatro días antes, los accionistas habían anunciado una recapitalización de $100 millones; horas antes de la intervención, el banco aseguraba operar con normalidad. El presidente del BCP renunció el mismo día.

La discusión que sigue es si la dolarización habría cambiado algo. Se dice que no porque la dolarización no gestiona riesgos, no previene el lavado ni los créditos vinculados, y que eso lo hace la regulación. Sin embargo, la respuesta corta es que la objeción apunta a la herramienta equivocada. El problema de Ueno no fue la ausencia de reglas, sino los incentivos bajo los cuales esas reglas se aplicaron.

Qué fue (y qué no fue) el caso Ueno Bank

Nada de lo reportado hasta ahora apunta a lavado de activos. Lo que los reportes describen es otra cosa. La Superintendencia de Bancos había detectado, meses atrás, créditos vinculados con empresas del grupo propietario; los reguladores investigaban si el banco había financiado de forma indirecta la venta de una cartera de empresas del mismo grupo; el 29 de octubre Ueno comunicó que no podía reponer unos $70 millones tomados de su encaje legal; y el BCP atribuye el deterioro patrimonial a ajustes en los estados financieros durante un proceso de regularización.

Es decir, partes relacionadas, exposición al propio grupo e insolvencia. Los hechos siguen abiertos y la investigación no ha concluido, pero el patrón es el clásico, y es el que el debate suele atribuir a una simple “falta de regulación”, sí, como en casa crisis al menos desde la Gran Depresión y más recientemente la Gran Recesión. Pero sigamos.

Tres datos de contexto importan para lo que sigue. Ueno creció por absorción (compró Visión Banco en junio de 2024) y por captación masiva. Colocó en marzo la mayor emisión de bonos corporativos de la historia de Paraguay. Y administraba fondos públicos, entre ellos recursos del Instituto de Previsión Social (IPS).

Los límites de “es cuestión de más y mejor regulación”

Tal vez sea cierto que la dolarización por sí sola no hace gestión de riesgos ni impide que un banco compre acciones de empresas de su grupo. Eso lo prohíbe o limita la regulación prudencial, efectivamente, pero la objeción trata a la regulación como si fuera exógena, y un dato del paisaje y no una institución que responde a incentivos.

En Paraguay la regulación existía, la Superintendencia vio los créditos vinculados meses antes de la intervención, y aun así el banco siguió creciendo, siguió captando depósitos y siguió emitiendo deuda. Lo que falló no fue la norma sino su aplicación, y la aplicación depende de quién la ejerce, bajo qué presiones y con qué respaldo detrás.

Pedir “mejor regulación” como respuesta es pedir que el regulador se comporte mejor sin cambiar nada de lo que lo hizo comportarse así. Los reguladores no bajan del cielo, también necesitan ser regulados, y quien los regula suele ser la misma política que se beneficia de su indulgencia. La pregunta correcta no es quién escribe las reglas, sino qué estructura institucional hace más barato o más caro tolerar su incumplimiento.

Tampoco la “buena regulación” tampoco garantiza que un caso así no ocurra. El regulador puede equivocarse, y puede además ser parte interesada. De hecho, en Paraguay, quien presidía el BCP había presidido Ueno hasta 2023, y quien lo designó fue socio comercial del grupo propietario hasta marzo de 2025 (el banco niega que haya sido accionista o inversor). Hacen falta reglas, pero las reglas no se aplican solas.

Por eso el estándar correcto no es la garantía sino la comparación. Con regulación sola, la captura sigue siendo barata. Con dolarización y sin banco central, cada concesión del supervisor se paga con recursos fiscales visibles y no con emisión, y las tasas de interés no pueden manipularse por vía monetaria. Nada de eso asegura que no vuelva a ocurrir un Ueno, pero sí encarece —y mucho— su aparición, además de que acorta su duración, que es lo que importa cuando lo que se discute es el diseño de las instituciones y no la conducta de una persona.

El riesgo moral que no se ve del rescate

Un banco central cumple dos funciones que importan aquí, y conviene no confundirlas. La primera es monetaria. La más obvia es que puede emitir guaraníes de la nada para financiar a un banco en problemas. La segunda, más importante, es de expectativas. Su sola existencia como prestamista de última instancia instala en dueños, directivos y grandes depositantes la creencia de que, si el banco es suficientemente grande, alguien lo sostendrá; too big to fail.

Esa creencia es riesgo moral en estado puro. Quien asume riesgos con dinero ajeno y espera que las pérdidas sean asumidas por terceros asume más riesgos. Un banco que crece hasta tres millones de clientes, que emite la mayor deuda corporativa del país y que presta a su propio grupo está apostando, entre otras cosas, a que es too big to fail, para que comience la socialización de pérdidas.

Pero sin banco central —que es lo que busca por medio de la dolarización—, esa apuesta pierde su sustento. Cualquier rescate tendría que ser fiscal, explícito, aprobado, con nombre y apellido, limitado por el presupuesto y por el acceso a deuda. El mecanismo invisible desaparece. Los depositantes grandes, los bonistas y las entidades públicas que depositan fondos dejan de asumir que alguien más cubrirá la pérdida y empiezan a monitorear, o a retirar, antes. El castigo de mercado llega más temprano y con el banco todavía chico.

¿Y qué hay del crédito artificialmente barato?

Hay un segundo canal, anterior al rescate, y ese es el que llaman “precio del crédito”. Cuando el poder político puede manipular las tasas por debajo de lo que establecería el mercado en condiciones de libre competencia, el crédito se vuelve barato para quien lo recibe y caro para nadie en particular. Eso crea el incentivo a prestar a cuanta gente se pueda, incluidos prestatarios de capacidad de repago dudosa y los propios miembros del grupo bancario, porque el costo del error se diluye en el tiempo y entre terceros.

Con dolarización, ese margen desaparece. Las tasas no son naturalmente bajas, pero tampoco pueden manipularse en nombre del favor político, ni sostenerse por más tiempo del que el sistema en su conjunto esté dispuesto a aceptar o tenga capacidad de financiar. El mercado pone un techo a la duración de la distorsión, y con ella al tiempo que puede durar una política de crédito barato que alimente a bancos como Ueno.

Ahora bien, también es necesario dejar claro que no hay evidencia en lo reportado hasta ahora de que el BCP haya forzado las tasas a la baja en favor de Ueno; este canal describe el incentivo estructural que el régimen monetario permite, no un hecho probado del caso. Además, la dolarización elimina la manipulación monetaria de las tasas, pero no los controles administrativos sobre las cuotas de crédito dirigido y mandatos de cartera, que son decisiones regulatorias que sobreviven sin banco central, y Ecuador, dolarizado, ha tenido topes. Quien quiera que la dolarización cierre este canal debe cerrar también esos.

Un solo punto de control político

Hay algo que el caso Ueno lo ilustra con precisión. En Paraguay, la Superintendencia de Bancos forma parte del BCP. Emisión, supervisión y rescate dependen de un mismo directorio de designación política. Se trata de un punto único de captura.

Carlos Carvallo presidió Ueno hasta agosto de 2023, y fue designado presidente del BCP por Santiago Peña poco después, con posesión del cargo en septiembre de ese año. El BCP sostiene que Carvallo se apartó de las decisiones sobre la entidad. Peña, por su parte, fue socio comercial del Grupo Vázquez, dueño de Ueno, hasta marzo de 2025; el banco niega que haya sido accionista o inversor. Carvallo renunció el 3 de noviembre, el mismo día de la intervención. Él y otro funcionario reconocieron tener ahorros en el banco.

No hace falta suponer mala fe para ver el problema. Basta observar que quien debía vigilar al banco había sido su presidente, que quien lo nombró había sido socio de su grupo, y que ambos dependían de una institución que, además, tenía la capacidad de rescatarlo. Con esa estructura, tolerar es barato y sancionar es caro.

Una economía dolarizada sigue necesitando una superintendencia, y esa superintendencia también puede ser capturada, pero deja de tener detrás a un emisor que absorba el hueco, y el costo de la indulgencia sube: cada error de supervisión se paga con recursos fiscales visibles, no con emisión.

Qué hace la dolarización y qué no hace

La dolarización no evita los créditos vinculados. Lo que hace es reducir el incentivo a cometerlos, y la vía es el riesgo moral. La cadena es esta: sin banco central no hay expectativa de rescate; sin expectativa de rescate, los acreedores monitorean y corren antes; con acreedores que corren antes, prestarse a uno mismo con dinero ajeno es una apuesta más corta, más chica y más difícil de sostener.

Hay que separar tres componentes del caso Ueno con la siguiente tabla, porque la dolarización no los toca por igual.

Componente Paraguay (con BCP) Con dolarización, sin BCP
Incentivo a prestar al propio grupo Alto: pérdidas socializables, rescate esperable Menor, pero no nulo: persiste la responsabilidad limitada y el tunneling
Tolerancia del supervisor Barata: mismo directorio supervisa y rescata Más cara: el hueco se paga con recursos fiscales visibles
Escala y duración del esquema Hasta 3 millones de clientes y $2.836 millones en depósitos Menor escala y colapso más temprano
Rescate Invisible y monetizable Explícito, fiscal y sujeto a presupuesto

La tabla marca claramente los límites de mi planteamiento. Un dueño puede extraer valor de su banco aun sin rescate esperado, porque las pérdidas recaen sobre depositantes y acreedores y no sobre él. Y el seguro de depósitos, que en Paraguay cubre hasta unos $38.000 por persona, puede existir con o sin banco central. Los depositantes cubiertos no tienen incentivo para monitorear en ningún régimen. La disciplina recae entonces en los depositantes no asegurados, los bonistas y las entidades públicas que depositan fondos, como el IPS en el caso de Ueno, cuya decisión de depositar puede responder a criterios políticos y no solo de riesgo.

Las dimensiones de la dolarización

La dolarización no sustituye la supervisión prudencial ni impide que un grupo use su banco para financiarse. Lo que hace es quitar el respaldo implícito del emisor y la institución que concentra supervisión y rescate bajo control político. Sin eso, un banco como Ueno tiene menos incentivo para asumir ese riesgo, menos tiempo para hacerlo y mucho menos escala para que el daño sea sistémico.

El caso es una ilustración, no una prueba. Es un solo episodio que está todavía abierto, y la evidencia sobre la frecuencia de quiebras y de tolerancia regulatoria entre economías dolarizadas y no dolarizadas es una pregunta empírica que merece su propio estudio. La tesis que el caso sí sostiene es más estrecha y más sólida: con dolarización, el rescate —o socialización de pérdidas— deja de ser invisible, y lo que no puede rescatarse en silencio no puede crecer tanto ni durar tanto.

Quien proponga dolarizar debe proponer, además, el diseño del seguro de depósitos y de la superintendencia. Sin ellos, el riesgo moral siempre encontrará otra puerta.

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