No fue el tipo de cambio fijo. Fue la bolivianización
El Dr. Juan Antonio Morales ha vuelto a escribir una columna sobre política cambiaria y monetaria que es necesario abordar. Pero antes que nada, es necesario reconocer el mérito del Dr. Morales por seguir extendiendo su ya dilatada trayectoria profesional e intelectual hasta el día de hoy, manteniendo una activa participación en el debate público sobre la economía de Bolivia. En un país que tanto necesita discutir ideas con el mayor rigor teórico e intelectual posible, su contribución al análisis de la nueva política cambiaria es valiosa y bienvenida.
Dicho esto, no puedo dejar de ofrecer mi perspectiva ante la postura del Dr. Morales, porque creo que su énfasis en la flexibilización del tipo de cambio —sin abordar la raíz estructural del problema— puede inducirnos a seguir cometiendo errores sistemáticos, profundizando la crisis actual y perpetuando la pobreza en Bolivia.
Bien, en su artículo “La nueva política cambiaria”, el Dr. Morales argumenta que “el congelamiento del tipo de cambio en noviembre de 2011 fue uno de los grandes errores del MAS”, porque habría eliminado un instrumento de ajuste ante shocks externos, fomentado el contrabando, generado vulnerabilidad a ataques especulativos y contribuido al colapso de reservas y a los mercados paralelos, y propone, en cambio, avanzar hacia un régimen flexible.
Con todo respeto a su trayectoria, discrepo profundamente en el diagnóstico de raíz. El principal problema y error estructural de los últimos 20 años no fue el tipo de cambio fijo. Fue la política de bolivianización (nacionalización monetaria), de la cual el propio Dr. Morales es uno de sus principales artífices cuando arrancó esta política en 2004, cuando todavía presidía el el ente emisor del país.
El padre de la bolivianización es el propio Dr. Morales
Como presidente del Banco Central de Bolivia (hasta mediados de 2006), el Dr. Morales defendió públicamente la bolivianización como una medida esencial para la “estabilidad financiera”, no un “capricho” del ente emisor (noviembre 2005). Durante su gestión y los años inmediatamente siguientes se impulsaron:
- El ITF (creado en 2004).
- Encajes legales diferenciados mucho más altos para depósitos en dólares.
- Spread cambiario ampliado.
- Mini-revaluaciones y otras medidas para promover el uso del boliviano y desincentivar el dólar.
En sus propios escritos posteriores explica que se usó el eufemismo “bolivianización” porque “desdolarización” se había vuelto una mala palabra tras la experiencia de 1982, y que el objetivo era recuperar el control y la eficacia de la política monetaria que la alta dolarización impedía.
Esa nacionalización monetaria creó una moneda local cautiva y un sistema financiero dominado por el boliviano. Eso fue lo que permitió:
- Abaratar artificialmente el crédito en bolivianos para “competir” contra el dólar.
- Aplicar de forma perversa la ley de Gresham: promover la “moneda mala” (boliviano sujeto a manipulación) para desplazar a la “moneda buena” (dólar).
- Inflar la economía y los activos mediante expansión crediticia y control cambiario, mientras duró el boom externo.
Cuando el viento de cola se acabó, el sistema —construido sobre esa soberanía monetaria recién adquirida— colapsó: reservas agotadas, brecha cambiaria, pérdida de confianza. El tipo de cambio fijo fue solo una herramienta dentro de ese marco más amplio de bolivianización; no la causa principal. De hecho, como consecuencia de la devaluación del tipo de cambio nominal fijo, hoy los activos que figuran en el balance del conjunto del sistema bancarioy financiero valor —se pinchan— y como efecto de la reversión inevitable del boom artificial previo.
Debilidad institucional y control monetario son fórmula para el desastre
Con instituciones tan débiles como las de Bolivia y un BCB que, así como cualquier otro banco central en el globo, nunca termina de ser plenamente independiente en la práctica, darle al Estado pleno control sobre una moneda nacional fue como darle cerillos a un niño en una fábrica de pólvora. La bolivianización permitió la manipulación que hoy pagamos cada vez más caro.
El Dr. Morales propone ahora flexibilizar el tipo de cambio junto con una supuesta mayor independencia del BCB y disciplina fiscal. En teoría suena razonable. En la realidad boliviana de las últimas décadas, no solo parece imposible, sino indeseable, dado que los gobiernos siempre terminan usando las herramientas discrecionales que tienen para el populismo cortoplacista más consabido.
La verdadera solución: dolarizar para eliminar la discrecionalidad
Frente a la crisis, no hay que “flexibilizar”. Hay que rigidizar aún más la moneda eliminando directamente la posibilidad de hacer política monetaria nacional. Eso se llama dolarización plena:
- Adoptar el dólar como moneda de curso legal (o un régimen de convertibilidad rígida irreversible).
- Quitar al BCB la capacidad de emitir, expandir crédito artificialmente barato en moneda local o manipular el sistema para imponer el boliviano y rescatar al gobierno y sus socios políticos socializando pérdidas entre el conjunto de la ciudadanía por el efecto inflacinario consecuente.
- Importar credibilidad externa y forzar disciplina fiscal real (ya no se podrá monetizar déficits fácilmente).
Esto resuelve de raíz los errores de los últimos 25 años, pero no solo al financiar el déficit emitiendo dinero. No es panacea, pero es el mecanismo de compromiso más fuerte disponible cuando las instituciones locales fallan sistemáticamente.
El Dr. Morales ha escrito también que “la dolarización no es el remedio”. Entiendo su posición, pero la historia reciente de Bolivia —incluyendo el rol que él jugó en la bolivianización— demuestra que mantener soberanía monetaria discrecional ha sido precisamente lo que nos trajo hasta aquí.
El debate que él mismo promueve es bienvenido. Esta es mi contribución: el problema central fue la nacionalización monetaria que permitió todo lo demás. La dolarización es el camino para no repetirlo.
La dolarización es la alternativa más eficiente, rápida y barata
Una de las ideas más recurrentes para defender la bolivianización y frenar la adopción espontánea del dólar es tomar deuda externa (a menudo con respaldo del FMI) para inyectar dólares al BCB, revaluar el boliviano y “estabilizar” el tipo de cambio. Este enfoque no solo es innecesariamente largo, costoso y riesgoso, sino que ignora una alternativa mucho más sencilla y eficiente: la dolarización formal de la economía.
Contrario al mito de que “no hay suficientes dólares”, cualquier cantidad es viable para dolarizar, porque el valor del dinero depende de su poder adquisitivo, no de su cantidad absoluta.
Al dolarizar, la demanda de moneda local cae drásticamente (se elimina la necesidad artificial de acumular bolivianos para protegerse de la inflación), la velocidad de circulación del dinero aumenta y se requiere mucho menos circulante del que sugieren los cálculos estáticos.
Ejemplos como Ecuador (que dolarizó en 2000 con reservas negativas y en plena crisis, y luego vio aumentar sus reservas gracias a la confianza generada) y El Salvador demuestran que el proceso puede ser gradual, sin necesidad de una acumulación masiva de reservas.
En Bolivia, que ya es una economía bimonetaria con una dolarización espontánea avanzada en contratos y ahorro, la transición es aún más natural. Bastaría con redenominar activos y pasivos a un último tipo de cambio creíble, eliminar el encaje en bolivianos, prohibir por ley la emisión adicional para financiar al Tesoro y dejar que el mercado complete el proceso.
Además, eliminar por completo el encaje legal no solo acelera la migración natural al dólar, sino que remueve de raíz una de las tentaciones más peligrosas del sistema actual: la acumulación artificial de reservas que hay que mantener tanto bajo un tipo de cambio fijo como bajo uno flexible, y sea sucio o limpio, pues cualquier gobierno —incluido el del MAS desde al menos 2014— termina utilizando esas reservas para financiar déficits fiscales en lugar de defender genuinamente la moneda, hasta temrinar creando dinero de la nada como hasta 1985.
El Dr. Morales argumenta que el error principal del tipo de cambio fijo fue “quemar reservas” [énfasis mío] para defender el boliviano. Sin embargo, la realidad es que gran parte de esas reservas no se quemaron defendiendo el boliviano, sino que el gobierno echó mano de ellas para financiar el déficit en su resistencia a recortar el gasto.
Al dolarizar y suprimir la posibilidad de una base monetaria local con encajes que generan reservas, se corta de cuajo esta fuente de discrecionalidad y abuso. O sea, ya no habría botín del cual los políticos puedan saquear, lo que obliga a una disciplina fiscal real y elimina el mecanismo que permitió al MAS —y hoy también a Rodrigo Paz— financiar su modelo sin un ajuste estructural.
Esta es precisamente una de las mayores fortalezas de la dolarización frente a la propuesta de flexibilización del Dr. Morales: quita las herramientas que facilitan el error sistemático que él mismo reprocha.
A diferencia de disparar la deuda pública externa entre $9.000 y $12.000 millones o más (elevando la deuda pública por encima del 100% del PIB y cargando a cada boliviano con miles de dólares adicionales de deuda, como en el fallido gradualismo y tipo de cambio flexible de Macri en Argentina), la dolarización no requiere montañas de nuevos préstamos. Es más barata, rápida y con menores riesgos: importa credibilidad externa irreversible (el dólar como ancla que el poder político no puede manipular), elimina el impuesto inflacionario, reduce el riesgo país, atrae inversión y formaliza la realidad de facto sin esperar un colapso total. No es necesario esperar a destruir completamente el boliviano; como en el euro (donde países renunciaron voluntariamente a monedas estables para adoptar un tipo de cambio fijo implícito entre ellos), puede ser un salto extraordinario de fortalecimiento institucional.
En definitiva, frente a la perpetuación de errores vía bolivianización y parches cambiarios, la dolarización es la opción más eficiente, rápida y barata. Bolivia tiene la oportunidad histórica de dejar atrás el voluntarismo monetario nacionalista y adoptar una solución práctica y probada que evite seguir hundiendo al país en la crisis y la perptuación de la pobreza. Como he argumentado consistentemente, tarde o temprano este debate se impondrá; mejor anticiparlo con rigor.








