Milton Friedman, ¿qué tan liberal?

Han pasado ya 38 años desde que recibió el Nobel, 8 años de su muerte y cada 31 de julio se celebra el natalicio de Milton Friedman. Oportunidades para rendirle homenaje a quien habría sido uno de los intelectuales defensores de la libertad más importantes de todo el siglo XX no faltan. Todavía se recuerda el día en que un profesor de la más fiel tradición marxista leninista anoticiaba a sus alumnos del fallecimiento del “padre del neoliberalismo” deseando que estuviera ya por fin en el infierno por su influencia en la política económica y la filosofía política. Cualquiera se sorprendería gratamente al enterarse de que este mismo profesor asigne hoy a sus alumnos las lecturas como las de F.A. Hayek, que hace tan sólo 8 años eran tabú en su clase, pero las del de Chicago permanecen sin ser recomendadas. Quién sabe si por una readaptación del viejo refrán de Reagan que reza “un comunista es alguien que ha leído a Marx, pero un anticomunista es alguien que ha entendido a Marx”, este profesor de política económica haya decidido inclinarse por el liberalismo en un nuevo entorno de elevadísima intervención económica por haber entendido a Friedman, pero valga destacar que el monetarista hoy debe ser revisado con sumo cuidado luego de solamente haberlo leído.

milton friedmanEl escepticismo que pueda acoger la idea de que Friedman fuese realmente un defensor implacable de la libertad empieza por los aportes cintíficos por los que le habrían valido el Nobel de Economía en 1976, entre los que con diferencia destaca The Methodology of Positive Economics de 1953 argumentando que el problema que lo impulsó a escribir su famoso ensayo fue el de confundir los objetivos de la economía normativa (lo que debe ser) con los de la positiva (lo que debería ser) que se encuentra libre de juicios de valor, cuando el dilema científico que Friedman plantea en resolver resulte más bien falaz, el problema de la ciencia económica en realidad está en la aplicación del método del empirismo de las ciencias naturales al mundo inminentemente a priori de las ciencias sociales (momento a partir del cual monetaristas y keynesianos son hijos de la misma madre), un problema que ha provocado que otro Nobel como Samuelson haya llevado al individuo a tal punto de formalización que cuyo comportamiento ha terminado siendo comparado con el de los átomos y las bacterias en fórmulas, ecuaciones y gráficas propias del campo de la termodinámica.

¿Pero qué tienen que ver sus escritos metodológicos con el hecho de que Friedman haya sido o no uno de los más importantes defensores de la libertad en todo el siglo XX? Cuando se considera que Friedman podría haberse mostrado cómodo con la idea de representar la figura de un pragmatista liberal, resulta importante destacar la diferencia abismal entre el pragmatismo y el liberalismo cuando el primero implica necesariamente el abandono de principios establecidos en el marco de una perversa manera de hacer ciencia económica libre de juicios de valor, es decir, sin importar los medios que los individuos elijan para alcanzar cualesquiera sean sus fines, y donde los economistas como él estarían por encima de la ética, la moral y la ley; pues no, los fines simplemente no justifican los medios.

Es pues ésta la idea que probablemente haya llevado a Friedman a asesorar al gobierno de Augusto Pinochet, cuyos medios para establecer las reformas estructurales de su país, más allá de que evidentemente hayan resultado exitosas, fueron indiscutiblemente ajenos a la filosofía de la libertad. Acudir pues a los métodos violentos para establecer la paz y la armonía y el orden espontaneo de la sociedad en el marco de una economía de libre mercado no es más que una contradicción absoluta en los términos. ¿Cuánta lógica puede haber detrás del argumento de que la lógica en economía no es suficiente, y que para constituirse en ciencia la teoría económica debe recurrir, independientemente de procedencia, a su contrastación con la evidencia empírica?

Milton Friedman se hizo conocido como una estrella de cine en los años 70, cuando el keynesianismo se encontraba frente a la paradoja se estimular la economía en una situación de estancamiento inflacionario. Friedman desarrolló la idea de que el keynesianismo tenía problemas de políticas de largo plazo, puesto en la curva de Phillips terminaba siendo vertical en la relación que una tasa natural de desempleo guardaba con la inflación, pero Friedman, como se verá, jamás advirtió que si bien el dinero era tema capital para la economía, lo era por raqzones muy distintas a las que sostenía. En este sentido, podría considerarse, como bien anota Rallo, que el desastre del sistema monetario internacional actual, agravado por la Reserva Federal, no es más es un homenaje a las ideas de Milton Friedman.

Entre otros motivos por los que Friedman se hizo famoso, así como Keynes contribuyó a que Roosevelt confiscara el oro a sus ciudadanos en 1933 y el establecimiento de Bretton Woods en los 40, fue por su defensa de los tipos de cambio flexibles y por aconsejar a Nixon la suspensión del pago del oro a sus aliados en favor del inflacionismo y para dar así la estocada definitiva a lo poco que quedaba del vínculo con el patrón oro en 1971.

En 1998, muy poco tiempo antes de la burbuja tecnológica del Nasdaq, Friedman no tuvo la menor idea de lo que estaba sucediendo en Estados Unidos como consecuencia del nuevo sistema internacional que ayudó a establecer. En una entrevista con Peter Jaworski, Friedman sostuvo:

My opinion of Alan Greenspan is very high. I think he has done an absolutely first-rate job relative to any other period in Federal Reserve history. As to the future, I think the likelihood is that we will return to the unsatisfactory experience of the past. I think the common expectations of very low rates of inflation indefinitely are going to be proved wrong.

Tampoco supo lo que sucedía en 2005 con la burbuja inmobiliaria. En una entrevista con Charlie Rose sostuvo que la estabilidad de la economía estadounidense de aquel momento era la mejor que había tenido en su historia, que jamás se había registrado semejante auge en un período de más de quince años con fluctuaciones tan poco pronunciadas y un nivel de inflación no superior al 3 por ciento, hasta que tan sólo año y medio más tarde, luego de su fallecimiento en diciembre de 2006, Bear Stearns manifestó la necesidad de un rescate ante el inicio del colapso de la burbuja inmobiliaria y el inicio de la Gran Recesión actual. Y no dejó de reconocer a Greenspan como el mejor economista dirigiendo el órgano de planificación económica central más perverso como la banca central. A la pregunta de Charlie Rose “And you give great credit to Alan Greenspan for that?” Friedman respondió:

I certainly do. I think monetary policy is primarily responsible for it.

No es extraño que Friedman considerara a Greenspan como el mejor presidente que la Fed haya tenido nunca, o que no supiera interpretar un momento económico tan sospechosamente grandioso. En su Historia Monetaria de los Estados Unidos junto a Anna Schwartz, Friedman sostuvo sin preguntarse nunca sobre las causas, que el agravamiento de la Gran Depresión se debió fundamentalmente a no haber inflado lo suficiente la base monetaria, una posición que trataría de reforzar con la publicación de su The “Plucking Model” of Business Fluctuations Revisited en 1988, presumiblemente en respuesta a una afrenta intelectual de Walter Block en su defensa de la Teoría Austríaca de los Ciclos Económicos.

Básicamente, y además de no entender a Walter Block ni austríaco alguno por establecer en su revisión una relación entre expansión económica y recesión, cuando la relación en realidad es entre expansión crediticia, consecuente mala inversión (como manifestación de una burbuja causada directamente por la política monetaria) y luego recesión, lo que Friedman jamás entendió es que existe la posibilidad de que una economía crezca con una caída simultánea y generalizada de los precios si es que los empresarios son suficientemente eficientes al momento de reducir sus costos de producción mediante renegociaciones laborales, con proveedores, y a la vez que con innovaciones tecnológicas del equipo capital, etc.

Lo que en realidad ha hecho Friedman con sus ideas ha sido otorgar un poder a un órgano de planificación central a la que se opuso como la banca central, algo que ningún keynesiano desde John Law probablemente hubiera siquiera imaginado como mera posibilidad el día de hoy: la capacidad de obligar a los ciudadanos de comprar deuda pública con su dinero, el de sus hijos y ahora el de sus nietos que todavía no han siquiera nacido, aunque con la salvedad de hacerlo a un delicado ritmo no superior al 3 por ciento anual, porque, cuidado, no vaya a pensarse que por pragmático Friedman dejara de defender la libertad hasta sus últimas consecuencias.

Aún más, en lo que ya se había convertido en una fiel tradición, sobre todo desde los años 80 y la llegada de Greenspan a la Reserva Federal, le siguió la promesa de Bernanke como nuevo titular de la Reserva Federal ampliando la base monetaria estadounidense en un nivel casi tres veces superior al total de todos sus antecesores juntos en tan sólo tres o cuatro años, para que hoy el dólar haya perdido un 98 por ciento de su valor en relación al oro:

Let me end my talk by abusing slightly my status as an official representative of the Federal Reserve. I would like to say to Milton and Anna: Regarding the Great Depression. You’re right, we did it. We’re very sorry. But thanks to you, we won’t do it again.

Pues lejos de que la Gran Recesión deje de agravarse, lo que Janet Yellen está haciendo ahora en sustitución de Bernanke, es actuar en consecuencia a la espera de que la deuda que emite al imprimir dinero se cancele por sí sola vendiendo los activos tóxicos que adquirió, algo en lo que, por cierto, alguien como Krugman está en desacuerdo solamente porque no se imprime todavía más, y mientras no se manifieste la inflación que supuestamente nadie sabe dónde está.

Ya lo advertía la visión de un marxista leninista, profesor de política económica, allá por 2006. No es poco lo que hay para decir sobre el Nobel del 76 y su pragmática defensa de la libertad antes de celebrarlo en cada oportunidad por demás rebuscada, pero al menos hasta aquí no es que no se sepa de dónde Hayek se sacó que los ensayos de metodología positivista del de Chicago fueran tan peligrosos como La Teoría General de Keynes, o que en determinado momento Mises manifestara su indignación por estar rodeado de socialistas como él.

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