El agotamiento del modelo

En agosto de 2013, cuando el 6.8% del PIB marcaría previsiblemente el pico del crecimiento económico de Bolivia, se planteó el desafío no sólo de cuestionar su sostenibilidad, sino además ofrecer una explicación en términos económicos y con carácter prospectivo. Aunque el principal responsable no se tomó por aludido desde entonces, no han sido pocos quienes tomaron la posta, pero a tan sólo un año, y con los nuevos datos que se presume son confiables, es necesario explicar lo que para muchos de ellos podría más bien constituir un enigma: si el crecimiento se debe al estímulo de la demanda interna, ¿cómo puede ser que a la vez que se ejecuta el mayor programa de gasto estatal que jamás se haya registrado en el país, hoy la economía no sólo no haya registrado un crecimiento aún mayor, sino que además la cifra del 5.5% para 2014 signifique una desaceleración de más de un punto porcentual del PIB?

Este aspecto pasa inadvertido primero porque el problema no es de demanda interna, sino de excesiva oferta monetaria, y luego porque además de tener efectos reales sobre la estructura productiva, este exceso no está impactando en la economía en términos agregados, sino inminentemente microeconómicos al inducir errores cualitativos de inversión.

La primera fuente de excesiva oferta monetaria tiene origen en el programa de gasto más grande desde la Segunda Guerra Mundial, y el estímulo monetario más grande de la historia de EE.UU. Las consecuencias de ésta política son varias, entre ellas que impide la liquidación de los proyectos de la burbuja inmobiliaria, y que al no haber generado la inflación suficiente para reimpulsar el empleo como probablemente deseaban sus autores, en realidad ha ido a impulsar la cotización internacional de materias primas al alza que había tenido su inicio en la demanda asiática, hoy también en franca desaceleración.

La segunda fuente es la de la nacionalización de la moneda, que hoy alcanza más del 90%, a diferencia de 1986 cuando era el dólar el que alcanzaba esta cifra luego de su crisis más profunda: cuando el país exporta gas el Estado recibe dólares, y al acapararlos y contar con la prerrogativa de emisión monetaria, le entrega al público un número mayor de billetes nacionales cuyo valor es fácilmente manipulado.

Ahora bien, con la consigna de gastar cuanto sea posible, esta excesiva liquidez es introducida en la economía a través del gasto en proyectos de infraestructura pública y empresas estatales, y a través del sistema financiero en forma de créditos al sector privado. En ambos casos, con tasas de interés reducidas de manera arbitraria o incluso eliminadas por ser consideradas como un producto de la avaricia de la banca, se ha inducido al público a iniciar una serie de proyectos que no responden a la demanda efectiva real de mercado, cuyo tiempo de maduración está superando el tiempo al que los consumidores a su vez han sido estimulados a no esperar, o que simplemente no llegarán a concluirse nunca a falta del capital que el Estado dilapida en sus propios proyectos.

Y este problema ha terminado alterando el mismo orden lógico del crecimiento al acudir al endeudamiento externo mucho antes que al ahorro o el congelamiento del gasto, de registrar déficit o el previsible desplome de los precios de las materias primas para seguir con el gasto y el consumo desenfrenado. Peor aún, para cerrar toda brecha que se presenta se establecen políticas más comunes en escenarios recesivos como las devaluaciones monetarias que realmente constituyen los bonos, salarios mínimos, dobles aguinaldos, etc. Y, de hecho, incluso se anuncia desde principio de año una posible devaluación cambiaria tan fuerte como de al menos diez puntos solamente en lo que queda de 2014. La incertidumbre, claro, tendría que ser más evidente para los proyectos privados, porque el pasivo en el banco seguirá siendo el mismo cuando descubra que sus ganancias han sido hasta cierto punto artificiales por este factor.

Ciertamente no se trata de una situación desesperada como la de EE.UU., que no se ha recuperado después de siete años de crisis continua y luego de haber más que triplicado su base monetaria y reducido las tasas de interés al 0.25% en tan sólo 3 ó 4 años, pero a pesar de que la fiesta todavía puede detenerse sin medidas traumáticas, Bolivia tampoco es ni será una potencia continental por medio del estímulo de la demanda interna, sino todo lo contrario, cuando por la megalomaníaca obsesión por cifras extravagantes se ha generado una estructura productiva hipertrofiada donde el gasto ya llega a superar toda capacidad de producir.

Artículo publicado en América Economía, Fundación Milenio, Hoy Bolivia y Economía Bolivia.

4 Replies to “El agotamiento del modelo”

  1. Muy buenos puntos. Posiblemente la pregunta fundamental que no se podía plantear antes, queda claramente señalada, es decir, cómo se explica una reducción significativa en el crecimiento del PIB para el 2014 en circunstancias en que se está ejecutando el mayor programa de gasto e inversión pública de nuestra historia, si es que el factor principal que impulsa el crecimiento es la demanda interna, como machaconamente ha sido reiterado por el ministro del área. La respuesta dada por Ríos también es precisa, cuando se refiere al exceso de oferta monetaria.
    No obstante, la explicación del exceso de oferta monetaria, no destaca el hecho trascendental que las exportaciones se han multiplicado por 7 en los últimos 10 años (al pasar de US$ 1650 millones en 2003 a US$ 11.900 millones en 2013), lo cual significa que la economía boliviana dispone de niveles de liquidez muy altos, sin precedentes históricos. A fin de abundar: mientras que entre 1999 y 2003, el total por concepto de exportaciones asciende a US$ 6000 millones, una década después, vale decir, entre 2009 y 2013, el total por exportaciones es de US$ 45000 millones, es decir, 7,5 veces más que en el primer período mencionado. Ello significa que la demanda (interna o externa) que se puede generar en uno y otro periodo es diametralmente distinta.
    Estos recursos han generado a su vez una enorme capacidad de gasto y de emisión de medios de pago que permite impulsar un crecimiento por bombeo manual, al punto que simultáneamente se puede alentar la demanda interna desmedidamente, mantener estable el mercado cambiario y conservar un importante stock de divisas como reserva internacional. Todo ello es perfectamente posible a la luz de la evidente desproporción existente entre nuestra ínfima capacidad productiva y los raudales de recursos que Bolivia está recibiendo desde el 2005.
    Al mismo tiempo, dicho respaldo económico permite fortalecer la capacidad de “esterilizar el mercado” (es decir, absorber dicho exceso de liquidez mediante la emisión de bonos del estado y diversas otras acciones) que es indispensable a fin de limitar niveles excesivos de inflación (aunque un determinado nivel de inflación es funcional al modelo, ya que constituye un medio de “recuperación” de recursos) y transmitir confianza en la gestión macroeconómica.
    En suma, el conjunto del modelo vigente apuesta a tener precios internacionales muy altos de nuestros principales productos de exportación, y no en diversificar nuestra oferta productiva y exportadora, tampoco en incrementar significativamente la productividad de nuestros sectores productivos. Más que a una apuesta, se asemeja a una ruleta rusa.

    Cordiales saludos
    Carlos Rodrigo Zapata

  2. Estimado Carlos, gracias por dejar su comentario.

    Bueno, son varias cosas. Definitivamente hay mucho por decir al respecto, pero lo más importante es que solo el mercado tiene la capacidad de determinar el nivel "óptimo" de liquidez en la economía; por ahora sólo está manifestando los errores derivados de tal exceso.

    Ahora bien, es cierto que la cantidad de rentas es verdaderamente exorbitante, pero los mecanismos que le permiten al mercado regularla están siendo manipulados o han sido directamente anulados: ya mencionamos las tasas de interés por un lado, y por otro usted menciona los mecanismos con los que cuenta el Banco Central para retirar cierto nivel de liquidez.

    Pero veamos. Cuando el Banco Central procede a establecer ciertos niveles de liquidez a través de la venta de bonos, como usted bien menciona, ¿lo hace con la idea de controlar la inflación, o la sobrevaloración de activos reales como los del sector de la construcción, fruto del crédito fácil que, entre otras cosas, en gran medida permite la nacionalización monetaria?

    Sería interesante preguntarles a los funcionarios del Banco Central por qué el incremento de los precios del sector de la construcción y la vivienda son considerados como parte del auge y no son considerados como inflación indeseable como en el caso de los alimentos, y viceversa.

    Un saludo cordial,

    Mauricio.

  3. De acuerdo, el quid de la cuestión está en lo que señalas Rodrigo, la ínfima capacidad productiva y la ingente cantidad de recursos que se recibe, lo que permite administrar la estabilidad sin grandes cambios en la estructura productiva formal. Pero también es cierto el tema mencionado por el Sr. Rios sobre la inflación, para mi en este último caso es un manejo de la información

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