Página Siete se hace eco de Incautos

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Mauricio Ríos García: “Evitar el ajuste sólo significa prolongar la agonía.”

Según Ríos García la economía boliviana ha crecido de manera “artificial” en base al gasto, el consumo y el sobreendeudamiento, lo que ha generado una “gran burbuja” que “inevitablemente va a reventar”.

El economista Mauricio Ríos García considera que en Bolivia se ha generado una “gran burbuja” que “inevitablemente va a reventar”, y sostiene que la mayor amenaza interna es evitar la desaceleración, el ajuste y la corrección de la economía con cada vez mayor intervencionismo.

“Evitar el ajuste solamente significa prolongar la agonía de manera innecesaria. Los empresarios tienen que tener las mayores facilidades posibles para transformar la economía correctamente, incluyendo los errores que pueden cometer en ese mismo proceso, con la mayor libertad laboral y productiva posible para volver a invertir”, afirma.

Según Ríos, la economía de Bolivia ha crecido de manera “artificial” en base al gasto, el consumo y el sobreendeudamiento, en contraste con las economías sanas, sólidas y sostenidas, que crecen sobre el ahorro correctamente capitalizado por el mercado. El economista asegura que, si bien este es un proceso que se logra en periodos muy dilatados de tiempo, “los incentivos del poder político por acelerarlo son muy grandes”.

La “macro burbuja”

A partir de 2003, mientras la economía mundial desfallecía, Bolivia vivía un auge económico que, según Ríos García, tuvo su origen en los ingresos por exportación de materias primas y en el crecimiento del sector bancario y financiero durante los últimos 10 años.

El economista señala que el “perverso efecto riqueza” se ha construido en base a “la euforia y la exuberancia irracional”, que son las características propias de una economía en condiciones de burbuja.

“Es una etapa donde los empresarios están muy contentos porque consiguen financiamiento artificialmente barato para acometer todo proyecto por muy alocado que parezca; los trabajadores también lo están, porque lo anterior significa mayor demanda de mano de obra; pero los más contentos son los primeros beneficiarios, que son los políticos”, manifiesta Ríos García.

En su nuevo libro, Incautos: La enorme burbuja a la que indujeron a Bolivia y cómo salir de ella, que se lanzará el próximo 17 de octubre en versión digital, Ríos identifica tres “macro burbujas” en la economía de Bolivia, que se han ido alimentando entre sí, según él, en este orden: la estatal, la financiera y la productiva.

Para Ríos, la desaceleración es la ilustración de que la burbuja productiva se desinfla, la señal “más clara” de que la economía ha comenzado a reconvertirse para asumir una nueva realidad, “o de que al menos lo necesita con urgencia”, apunta.

“La burbuja que ha empezado a reventar o desinflarse es la productiva, y lo refleja el inicio de la desaceleración de nuestra economía en 2013, antes de la caída petrolera, como fiel reflejo de agotamiento del modelo. Las grandes empresas privadas, así como las familias, han venido asumiendo un ajuste desde hace ya un tiempo, a pesar de que no tienen la misma capacidad de ahorro que en un pasado no muy lejano, porque se les sigue estimulando a realizar todavía mayor gasto, consumo y endeudamiento”, manifiesta Ríos García.

Además, el economista advierte que “todavía nos falta por ver el pronto pinchazo de la burbuja financiera”, y espera que no sea a causa de una eventual devaluación cambiaria, sino por el propio ajuste interno del sector.

Ríos García reconoce que por muchas que sean las señales que apuntan al reventón de la burbuja, es imposible predecir el momento, el lugar y el detonante, pero asegura que su explosión traerá consecuencias.

“Para quienes no se hayan preparado, que el ajuste deba ser mayor al necesario y de manera sorpresiva. El mayor desafío para los empresarios e inversores es bajarse del pico de la ola en el momento inmediatamente anterior a una hipotética recesión, pero, en general, será poner a prueba la solidez de los valores sociales que se han sembrado durante la etapa del auge”, sostiene.

Aun así, Ríos García observa que todavía hay margen para el optimismo de los empresarios, pues el “rebentón” de la burbuja podría traer consigo tantas oportunidades como las que encontraron durante la etapa del auge, aunque apostilla que el esfuerzo tendrá que ser mayor que entonces.

“En definitiva, dependerá de la perspicacia o capacidad innata de cada uno de ellos (los empresarios) para descubrir o darse cuenta antes que nadie, de las nuevas oportunidades de negocio y empresa, solucionando problemas de gente que ni siquiera conoce, en respuesta a las nuevas necesidades de la economía, pero de cara a asumir, primero, la necesidad de liquidar proyectos anteriores”, señala.

“Con el marco analítico adecuado, los momentos de crisis son siempre los más indicados para invertir, aunque esto no quiere decir que uno puede pasar ileso del pico de una ola a alguna otra; el éxito estará determinado por el comportamiento -diametralmente opuesto- que cada uno haya adoptado mientras todo el mundo cometía los mismos errores durante el auge”, continúa.

Ríos García opina que la economía de Bolivia está frente a un inevitable cambio de ciclo, que es bueno pero que, al tener el diagnóstico equivocado en 180 grados, le esperan grandes desafíos ya incluso en el corto plazo, entre los que menciona los problemas a resolver por el exceso de gasto, así como de oferta, fundamentalmente monetaria y crediticia, o la necesidad de atraer capital financiero privado.

“Los problemas de la economía boliviana, que no son aislados ni pasajeros, sino estructurales y generalizados, no son por la caída petrolera, que es un factor agravante, sino por la estructura y la política económica misma, que ha apostado al hiperestímulo de la demanda interna en todo momento, a pesar de que jamás ha funcionado en ningún lugar”, subraya.

En este sentido, el experto aconseja pinchar las “burbujas” antes de que sigan creciendo y de que los daños consecuentes sean aún mayores.

“No es necesario esperar a que todo vuele por los aires para convencerse de que estamos en problemas. Siempre es mejor tomar decisiones desde lo privado adelantándose un año, que hacerlo un minuto tarde”, concluye Ríos García.

María Ortíz García, Página Siete.

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