El camino de la nostalgia testaruda

Ha quedado más que claro que la intención del gobierno de Morales por recuperar el poder de un estatismo centralista, es lo que va deteriorando poco a poco nuestra economía. La experiencia más cercana al populismo económico en Bolivia fue la del gobierno de Hernán Siles Zuazo en 1983, que aunque se trató de un populismo defensivo, no hizo más que generar casi los mismos efectos que el populismo ofensivo de Morales.

Todo acto que involucra un conjunto de políticas económicas diseñadas para obtener objetivos políticos específicos, irá a afectar el equilibrio fiscal y monetario, es decir que en general, el riesgo se identifica con gastar más de lo que se tiene y provocar efectos inflacionarios.

Hoy tenemos superávit, pero el criterio del gasto de gobierno es vehemente, vivimos en campañas de ataque mediático desde hace mas de dos años y la coherencia entre políticas monetarias y fiscales ha sido absurda, tanto así que hoy se oculta la inflación que tal vez ande por el 15% (y digo “tal vez” porque hoy ya no sabemos dónde pisar, si el Instituto Nacional de Estadística también se encuentra subordinado), y los “regalos” de cada primer día de mayo vienen a confirmar la teoría con la realidad.

Las condiciones para proceder con una nacionalización hoy en día, son muy distintas a las de los años 30, en el gobierno de David Toro y las del 17 de octubre de 1969, cuando Quiroga Santa Cruz. Las negociaciones no son con una sola petrolera como la Gulf Oil, con la que la indemnización nos costó 78 millones de dólares, que hoy equivaldrían como a 3.000 millones de dólares -en caso de una verdadera nacionalización-, negociando con BP y BG del Reino Unido, Petrobras de Brasil, Total de Francia, Exxon de Estados Unidos y Repsol YPF de España.

En este afán de que el Estado recupere poder sobre el excedente, el gobierno se ha dedicado a celebrar cada día en que se celebra el día del trabajador, con alguna dádiva populista que no hace más que malgastar recursos finitos. Si el único motivo para nacionalizar una empresa como la de ENTEL, no es porque haya tenido demasiada influencia política, no es por maniobras fraudulentas, no es por concesiones de las que se apoderan las petroleras, entonces ¿cuál es? Toda la lata que significa la nacionalización de los hidrocarburos y la nacionalización de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones ENTEL, (esta última como capricho ante el inminente resultado a favor del SI), es un tremendo gasto que no genera nuevos empleos productivos, que aterran a los inversionistas y que más temprano que tarde generará déficit, y por lo mismo, necesitará recursos privados para cumplir con planillas, sueldos y salarios, y desde luego, más primeros días de mayo que intentan articular las voces discordantes dentro del mismo partido de gobierno que cada vez es más cuestionado.

El 4 de mayo ha sido la expresión más abrumadora para aquella intención del gobierno, donde un 85% de los habilitados votó no solo en contra del estatismo centralista, sino a favor de una nueva forma de administrar recursos, una administración más cercana, responsable y coherente. El proceso no hecho más que delegar responsabilidad al ciudadano, y la respuesta ha sido fruto de un largo proceso, un proceso que no ha empezado hace un par de años, los autonomistas no nacieron ayer, los autonomistas nacieron en el momento en que el Estado desperdició su oportunidad de ser un administrador eficiente, ¡de ser un buen asignador de recursos escasos!

A este paso entonces, el gobierno y todo aquel que piense que aún es posible aquel modelo retrógrado, debe saber que lo que el Estado le debe al ciudadano (la deuda interna), será financiada con emisión monetaria sin respaldo, que es como apagar el fuego de la inflación con gasolina; el Banco Central seguirá devaluando el dólar que generará mercados negros, subempleo e incompetitividad exportadora; el control de precios será más agresivo y generará desabastecimiento, para luego nacionalizar los medios de producción; y para terminar, no sería raro que termine practicando proteccionismo ante la crisis norteamericana, imponiendo limitaciones a todo producto importado, encareciéndolo y pasando la factura a cuenta del ciudadano. ¿Alguna sorpresa?

Publicado en Los Tiempos y The Independent Institute.

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