El empresario ante el cambio de ciclo

Cuando una economía registra el inicio de un cambio de ciclo como el que ha empezado a registrarse en Bolivia hace aproximadamente un año ya, y con la reciente caída del precio internacional del petróleo como agravante, significa que el mercado ha empezado a detectar toda la serie de errores cualitativos de inversión que a los empresarios se les indujo a cometer de manera sistemática y simultanea durante la etapa de auge inmediatamente anterior, y que deben ser corregidos estructuralmente en forma de desaceleración, cuando no de recesión.

Uno de los ejemplos más claros de tal inducción a cometer a errores ha sido la idea de que ya que no invierte, el empresariado privado debe involucrarse con el Estado para acometer una serie de inversiones forzosas en aquellos lugares que a un burócrata común se le ha ocurrido que así debe ser, y, sobre todo, bajo el errado supuesto de que una economía se sostiene estimulando la demanda agregada, expandiendo el mercado interno o el fomentando el autoabastecimiento y no eliminando las fronteras hacia el exterior.

Este preconcepto de orgullo adolescente de crecer hacia adentro es cuanto menos limitado y ha fracasado cuando se lo ha intentado. Está volviendo a fracasar en Estados Unidos y la Unión Europea, y Bolivia no tuvo mayor reparo en copiar esos errores, con la arrogancia suficiente, además, como para exponerlos como aciertos difícilmente superables. Sin embargo, lo importante es prevenir al empresario, quien es, en última instancia, el motor que impulsa el crecimiento de cualquier economía, sobre los cambios estructurales que empezará a sufrir la economía respecto de las condiciones generales de liquidez y solvencia.

Lo primero que el empresario debe reconocer para asumir el desafío al que se enfrenta es que se ha sometido a mayores riesgos de los que suponía que podía asegurar, e incertidumbres que de repente podrían resultar inasumibles. Llegada la crisis será el momento en el que se dará cuenta si la rentabilidad de sus proyectos fue fruto del estímulo artificial o de su legítima e innata perspicacia empresarial para emprender proyectos correctamente capitalizados.

Asimismo, debe tener la idea de que todo proyecto realizado de manera forzosa y sin demanda real efectiva de mercado no podrá culminarse y que tiene que ser liquidado cuanto antes sin prolongar la agonía, puesto que el valor de sus activos tendrá un nuevo valor de tan sólo una fracción, pero el pasivo en los bancos seguirá siendo el mismo, además de que dependiendo de la exposición que la banca en general haya tenido a tales proyectos, se descubrirá cuán sólido había sido el sistema financiero nacional realmente.

En caso de que la rigidez laboral y productiva no ayude al proceso de saneamiento de la economía para reubicar los factores hacia los sectores donde sí sean necesarios, aún puede mitigarse el impacto de una crisis eventual, el empresario aún puede reordenar su conducta con estrategias de capital circulante muy saneado, revisando la calidad de sus balances, sus posiciones, replanteando sus estrategias, siendo muy cauto para no aventurarse con nuevos proyectos de inversión que signifiquen un endeudamiento excesivo frente al de sus competidores.

Llegada la etapa de reajuste se verá quienes supieron competir. Aquellos empresarios que lleguen a la depresión con suficiente liquidez, los menos, podrán acceder a bienes de capital a precios irrisorios, y si además son lo suficientemente perspicaces para adquirir bienes de capital concretos para inversión, cuando adquieran un valor de mercado más elevado ganarán como pocos, como en el caso de Apple en un entorno sumamente adverso de 7 años de crisis internacional continua.

No será fácil. Durante los últimos diez años se ha puesto al límite la capacidad de trabajo de los trabajadores y se ha pervertido el espíritu empresarial; se ha generado un estrés físico y psicológico innecesario en el que se ha preponderado la cultura de la especulación de corto plazo y se ha desmoralizado el trabajo bien hecho y la cultura empresarial tradicional, el desarrollo prudente de empresas con espíritu de permanencia y consecución de objetivos de largo plazo.

Prepárese para tiempos adversos, pero sin equivocarse; tenga siempre en cuenta que la política no es la única ni mucho menos la mejor manera de asumir los desafíos para su empresa.

Publicado en Página Siete, Economía Bolivia y SchiffOro.

5 Replies to “El empresario ante el cambio de ciclo”

  1. Exactamente. Poco a poco, a medida que se desenlace el problema que vengo observando desde hace ya algún tiempo, iremos publicando artículos más específicos. E insisto: no soy optimista, en absoluto.

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