Devaluación del 40% del tipo de cambio nominal en Bolivia: ¿alivia o agrava la crisis?
El primer gran desafío en Bolivia a partir de la devaluación del 40% del tipo de cambio nominal es saber si va a generar suficiente confianza en el público como para que vuelva a depositar sus dólares en el sistema. Mantengo mi escepticismo.
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El principal desafío tras la adopción del tipo de cambio flexible es recuperar la confianza en el sistema bancario. La devaluación por sí sola no garantizará que los ahorristas vuelvan a depositar dólares en los bancos.
La devaluación del 40% afecta principalmente al sistema financiero, que seguía operando con un tipo de cambio oficial fijo. La banca enfrenta un proceso de revalorización de activos: algunos activos aumentarán de valor y otros podrían deteriorarse rápidamente, obligando a un reacomodo de balances. Además, la existencia de tasas de interés artificialmente bajas durante años generó distorsiones y activos cuyo riesgo había sido subestimado bajo el régimen anterior.
La hipótesis es que la medida responde a una posible negociación con el FMI, sugiriendo que la devaluación habría sido un requisito previo para acceder a financiamiento. Esta es una conjetura y la medida, por sí sola, no elimina la incertidumbre.
Nunca existe un momento ideal para devaluar, pero surge la pregunta de por qué el gobierno esperó varios meses para hacerlo. La decisión parece improvisada y genera más preguntas que respuestas para empresas, importadores y exportadores.
La afirmación oficial de que “nada cambiará” con el nuevo régimen cambiario no es aceptable. Los depositantes buscarán retirar sus dólares, lo que obligará al Banco Central a expandir la base monetaria y podría aumentar la presión sobre el tipo de cambio y la inflación.
Las expectativas del mercado ahora dependen del FMI y de las condiciones que eventualmente exija, como reformas fiscales, monetarias o financieras. La capacidad política del gobierno para implementar reformas impopulares de manera consistente es cuestionable.
La devaluación debió estar acompañada de reformas estructurales, entre ellas: liberalización de exportaciones, reducción del gasto público, flexibilización laboral, fortalecimiento institucional, incentivos a la inversión y mayor seguridad jurídica. Estas medidas habrían reducido la incertidumbre.
La política de bolivianización aplicada desde hace años es presentada como el origen de los problemas actuales. El Banco Central dejó de actuar como prestamista de última instancia para convertirse en financiador habitual del déficit fiscal mediante el uso de reservas internacionales. Mientras no existan garantías de que esas reservas no volverán a utilizarse para financiar al Estado, la confianza del público difícilmente se recuperará.








