Bolivia no es de “derecha”. Es un país sin gobierno

Un artículo reciente de The Epoch Times, “Durante décadas, EEUU ignoró a América Latina. Todo eso cambió con Trump“, firmado por Darlene McCormick Sanchez, ubica a Bolivia entre cinco países que supuestamente “viraron de izquierda a derecha” desde la reelección de Donald Trump, dentro de un realineamiento hemisférico más amplio que el artículo bautiza como la “Doctrina Donroe”. Es una pieza útil para seguir el péndulo electoral de la región. Es también, en el caso específico de Bolivia, la herramienta equivocada para el trabajo — y la razón dice algo importante sobre cómo debería medirse realmente el riesgo en esta región.

Rodrigo Paz no es Javier Milei

Empecemos por la premisa misma. Javier Milei subió al escenario de Davos este enero para firmar el acta del Consejo de Paz de Trump, llamó a Nicolás Maduro “narco-dictador, asesino” en el mismo aliento en que elogiaba como “excelente” la operación de Washington en Venezuela, y publicó “Liberemos las Américas. MAGA” a sus propios seguidores. Eso es alineamiento ideológico, dicho con las propias palabras del hombre, sin matices.

Rodrigo Paz no ha hecho nada de eso, y lo escribí en tiempo real ya en mayo, antes de que estallara la crisis de este mes. Cuando Paz fue convocado por primera vez a la cumbre del Escudo de las Américas en Trump National Doral, su propia reacción reportada fue tratarla como un fastidio antes que como una oportunidad: “voy a tener que ir, ¿no?”, como si un foro hemisférico de seguridad y defensa fuera poco más que un trámite para conseguir financiamiento de infraestructura. Esa no es la postura de un líder que ve en Washington un hogar ideológico. Es la postura de un alcalde de pueblo archivando mentalmente una reunión obligatoria bajo la categoría de obligaciones, no de alianzas. El problema de fondo, como argumenté entonces, es que a Paz lo vendieron como un hombre de derecha “cuando ni él mismo se lo cree”. Ese empaquetado terminó siendo un regalo para la izquierda radical, pues le permitió al viejo aparato del Socialismo del Siglo XXI enmarcar cada fracaso posterior como el fracaso “de la derecha”, cuando lo que en realidad fracasó fue un gobierno que eligió construir imagen antes que gobernar, desde su primera semana en el poder.

La prueba más clara de si el alineamiento de Paz con Washington es convicción o conveniencia no es la foto de la cumbre. Es lo que realmente hizo con las relaciones de seguridad que dejó el gobierno del MAS. Aquí el registro no es ambiguo — es un patrón que documenté en detalle en junio con declaraciones correctas, con casi ninguna ejecución operativa. Paz restableció relaciones con Israel, anunció el retorno de la DEA, y renunció formalmente al acuerdo de cooperación militar de 2023 con Irán. Todo real, todo positivo. Pero dieciocho años de infraestructura civil y militar iraní —la academia militar “antiimperialista” que Teherán construyó en Santa Cruz, el canal de televisión estatal que equipó por completo y que sigue transmitiendo hoy, los cientos de ciudadanos iraníes que el propio ministerio de Seguridad argentino llegó a señalar como vinculados a la Fuerza Quds— permanecen intactos. Hezbollah, Hamás y el CGRI todavía no han sido designados como organizaciones terroristas, pese a la presión directa de Washington reportada desde enero. Y cuando el embajador de Irán se presentó en el Chapare este mayo para acompañar la posesión de un gobernador evista que abrió su mandato declarando alineamiento con Teherán, Moscú y Pekín, la respuesta del gobierno fue el silencio. No se puede reclamar las credenciales de política exterior de la derecha ideológica mientras se deja intacta la infraestructura exterior real del gobierno anterior. Paz se compromete. No ejecuta. Eso no es un gobierno de derecha. Es un gobierno que todavía no decide si quiere gobernar — y lo dije meses antes de que se censurara a un solo ministro o de que un solo asesor presidencial fuera esposado.

Esta distinción no es académica. Importa exactamente por la razón que justifica la existencia del artículo de The Epoch Times, la de ayudar al lector a entender dónde está realmente el riesgo de la región — y vale la pena señalar que el propio mercado de bonos de Bolivia empezó a poner precio a esta brecha de credibilidad ya desde mayo, mucho antes de los titulares de este mes, precisamente porque las preguntas de seguridad sin resolver se traducen directamente en riesgo soberano.

La supermayoría que no es tal

Aquí es donde el encuadre más amplio de McCormick Sanchez hace un daño real. Su artículo afirma que en Bolivia las facciones conservadoras conforman juntas una supermayoría en ambas cámaras legislativas, con el antiguo gobierno de izquierda reducido a dos escaños. Como descripción del mapa ideológico, es exacto. Como descripción de la capacidad del gobierno para gobernar, es casi lo contrario de la verdad.

Desde finales de julio, el FRACTAL Index —el índice de riesgo semanal construido específicamente para seguir la fragilidad institucional de Bolivia— ha registrado exactamente la trayectoria opuesta a la que predeciría una historia de “supermayoría conservadora”. Unidad, el partido que le daba a la coalición de Paz su mayoría de trabajo, rompió formalmente y pasó a la oposición el 23 de julio. El propio vicepresidente del gobierno presentó una denuncia penal contra su ministro de Economía el 12 de agosto. Ese ministro fue censurado por la Asamblea Legislativa y destituido formalmente por decreto presidencial el 21 de agosto, en una disputa que incluye acusaciones sobre cómo se colocaron bonos soberanos y si alguna vez se obtuvo la autorización que exige el Legislativo. El asesor de comunicación personal del presidente fue imputado formalmente por tentativa de feminicidio y hoy cumple 180 días de detención preventiva, con una causa adicional abierta por enriquecimiento ilícito. El comandante de policía más alto del país declaró en entrevista, en público, que detener a la figura opositora más poderosa del país “no es una prioridad”, y horas después fue desautorizado públicamente por su propio ministro de Gobierno.

Nada de eso es una historia de izquierda-derecha. Todo ocurrió dentro de una coalición que el artículo de McCormick Sanchez clasificaría como parte del giro hacia la derecha del hemisferio. La gráfica adjunta del FRACTAL Score, que sigue a Bolivia semana a semana desde febrero, muestra al país cruzando su umbral crítico a finales de julio y subiendo de forma sostenida por encima de 7.0 durante agosto — una trayectoria impulsada casi enteramente por la fractura interna, no por ninguna remontada de la oposición de izquierda. La “supermayoría” es real sobre el papel y ha resultado casi irrelevante en la práctica, porque compartir posición en el mapa ideológico no se traduce en compartir la capacidad de gobernar juntos.

Por qué este es el argumento a favor de un índice distinto

Este es precisamente el punto ciego que un paradigma analítico de izquierda-derecha no puede corregir, por defecto. Responde una pregunta distinta de la que le importa a cualquiera con capital, personal o contratos expuestos a un país como Bolivia. “Hacia qué lado se inclinó el gobierno en la última elección” no dice casi nada sobre si ese gobierno puede aprobar una ley, mantener intacto su propio gabinete, o evitar una investigación penal en su círculo más cercano tres semanas antes de una decisión de financiamiento crítica. El FRACTAL se construyó para responder directamente esa segunda pregunta — midiendo legitimidad, unidad de esfuerzo, respaldo externo, y la mecánica específica de lo que llamamos presión de “golpe posmoderno”, semana tras semana, sin importar de qué lado del espectro se siente un gobierno.

Bolivia, este año, es la demostración más clara posible de por qué esa distinción vale la pena pagarla. Un analista regional que solo lea el mapa electoral se habría perdido cada una de las últimas cinco semanas. Un lector que siga el FRACTAL Score las habría visto venir todas — no como sorpresa, sino como la continuación de una tendencia ya medida, con fuente y con fecha, semanas antes de que llegara a los titulares internacionales.

Mauricio Ríos García · FRACTAL Index · fractal-index.com

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