La realidad le volvió a dar la razón al libro — y ahora con una devaluación del 40%
Cuando publiqué Auge y Decadencia de Bolivia (2003-2023): Ciclo Austríaco, Value Investing y Dolarización hace 10 meses, advertí que la estabilización cambiaria de los primeros meses del gobierno de Rodrigo Paz era transitoria, no estructural. Anoche, el propio gobierno lo confirmó: decidió devaluar el tipo de cambio nominal —real para el sistema bancario y financiero— en aproximadamente un 40%, abandonando el ancla fija que había sostenido por años el régimen anterior.
No lo digo con satisfacción. Como expliqué en su momento —varios, en realidad—, esta no era la medida que recomendaba — y de hecho advertí en el libro por qué no había que tomar este camino. Pero también sabía, y lo escribí, que la lógica política y la urgencia de las reservas terminarían empujando al gobierno hacia ahí tarde o temprano. Lamentablemente, la realidad volvió a confirmarlo.
Por qué esto no resuelve el problema de fondo
El ciclo austríaco que describo en el libro no se corrige con un ajuste cambiario aislado, por grande que sea. Una devaluación del 40% puede aliviar temporalmente la brecha entre el tipo oficial y el paralelo, y puede ser la condición que pedía el FMI para destrabar financiamiento. Pero si no viene acompañada de una corrección fiscal profunda y, sobre todo, de un desembolso externo grande e inmediato, el alivio será efímero: la inflación importada erosionará el salario real, la confianza no se recupera de un día para otro, y el mercado paralelo puede volver a abrirse una brecha si percibe que el ajuste fue insuficiente o que no hay reservas genuinas detrás.
Aquí es donde se vuelve especialmente relevante la tercera parte del libro: si este plan de estabilización fracasa — es decir, si no llega un financiamiento del FMI u otro organismo de la magnitud y la velocidad necesarias — la discusión sobre la dolarización, al estilo panameño, va a volver con fuerza. No como una opción ideológica, sino como la única salida verdaderamente disruptiva para cortar de raíz la posibilidad de un nuevo ciclo de expansión monetaria insostenible.
Qué significa esto en términos prácticos
Más allá del debate macro, el libro fue escrito también para que el empresario, el inversor y el ciudadano de a pie puedan tomar decisiones concretas frente a este tipo de shocks. Algunas preguntas que esta devaluación pone hoy sobre la mesa:
- Para inversores y empresas con pasivos en bolivianos, ¿cómo recalcular el costo real de la deuda local tras un salto cambiario de esta magnitud, y qué cobertura tiene sentido evaluar hacia adelante?
- Para quienes manejan precios o inventarios en moneda extranjera, ¿cómo repensar la política de precios cuando el costo de reposición en dólares cambia de la noche a la mañana?
- Para el ciudadano promedio, ¿qué significa ahorrar “en bolivianos” o “en dólares fuera del sistema” cuando el tipo de cambio deja de ser un ancla estable?
El libro desarrolla un herramental — tanto top-down (lectura del ciclo y del régimen monetario) como bottom-up (decisiones concretas de portafolio y de gestión)— pensado exactamente para momentos como este. No es casualidad que ya lo haya usado para recomendar, años antes de que arrancara la devaluación de 2023, ahorrar fuera del sistema bancario local o diversificar hacia el exterior. Quien lo aplicó, llegó a este episodio con el capital protegido.
La historia sigue sin terminar
Lo dije en mayo y lo repito ahora con más fuerza: este no es un libro que caduque con el próximo decreto. Cada episodio — el ancla fija, la devaluación del 40%, lo que venga después según haya o no financiamiento del FMI — es parte del mismo ciclo que el libro anticipó en su estructura, aunque no se pudiera anticipar la fecha exacta de cada paso. La pregunta relevante ya no es si el ajuste cambiario iba a llegar, sino qué tan grande será el respaldo externo, y si Bolivia finalmente discute en serio una reforma monetaria de fondo.
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