Hayek y el tipo de cambio en la era del dinero fiat: el caso de la dolarización para Bolivia

En un artículo anterior, Hayek vs Friedman: ¿Tipo de cambio fijo o flexible? revisamos cómo un Friedrich Hayek temprano, en su ensayo de 1937 Monetary Nationalism and International Stability, defendía el tipo de cambio fijo como mecanismo de disciplina bajo un orden monetario internacional basado en el dinero mercancía. Milton Friedman, en cambio, en The Case for Flexible Exchange Rates (1953), apostaba por la flotación. Ambos vivieron el colapso posterior de Bretton Woods en 1971 y el advenimiento del régimen de dinero fiat puro.

Pero ¿qué postura adoptó Hayek una vez que el mundo entró definitivamente en la era del dinero fiduciario estatal? Su pensamiento evolucionó de forma coherente con los principios austriacos, aunque muchos lo reducen al Hayek de 1937. En realidad, el Hayek tardío defendió la flotación, pero la flotación sin monopolio estatal y curso forzoso. En Denationalisation of Money (1976/1978) propuso abolir el monopolio de emisión y el curso forzoso. En ese marco de competencia libre entre monedas, los tipos de cambio entre las distintas unidades flotarían naturalmente, determinados por la preferencia del público por la estabilidad de poder adquisitivo.

La clave está en la distinción que en mi último libro he buscado aclarar con el mayor rigor posible, que mientras en el régimen de dinero mercancía el tipo de cambio era un precio más de la economía, en el régimen actual de dinero fiat con curso forzoso se convierte en un patrón monetario (un ancla o estándar puramente gestionado o impuesto por la autoridad de monopolio estatal).

Del patrón oro al fiat: el tipo de cambio deja de ser un precio

Cuando el dinero era mercancía —oro físico o billetes convertibles—, el tipo de cambio entre monedas de distintos países emergía espontáneamente como precio relativo, sujeto a arbitraje de bienes y flujos de metal. Reflejaba la relación entre poderes adquisitivos reales.

Con el triunfo del dinero fiat tras 1971, esa realidad cambia radicalmente. El billete del banco central ya no representa un derecho de cobro sobre un activo real; es un pasivo estatal cuyo valor depende de la confianza en la política discrecional. En este contexto, el tipo de cambio deja de ser un precio libre y se transforma en un patrón monetario. Flotar o fijar el tipo de cambio bajo curso forzoso sigue siendo una decisión de política, no el resultado de millones de transacciones individuales.

Hayek y la flotación condicional: solo sin curso forzoso

El Hayek de los años 70 entendió que la única forma coherente de que el tipo de cambio vuelva a comportarse como un precio genuino es eliminar el curso forzoso y permitir la competencia. En ese escenario, los emisores (privados o incluso monedas extranjeras estables) compiten; las monedas inestables son abandonadas y los tipos de cambio reflejan esa preferencia del mercado.

La dolarización como ejemplo práctico de desnacionalización

Los casos de Panamá (desde 1904), Ecuador (2000) y El Salvador (2001) ilustran esta lógica de forma concreta. Estos países no “flotaron” su tipo de cambio en el sentido friedmaniano. Lo que hicieron fue eliminar su propia moneda nacional como unidad de cuenta y medio de pago de curso forzoso, adoptando el dólar.

Esto equivale a una desnacionalización parcial del sistema monetario. El resultado es un tipo de cambio fijo de facto, pero todavía más rígido, pues ya no hay moneda local que devaluar ni banco central local que financie déficits con emisión. Panamá lleva más de 120 años demostrando que una economía puede funcionar con éxito bajo este régimen. Ecuador y El Salvador lograron estabilizar precios tras décadas de inestabilidad propia.

En todos estos casos, el tipo de cambio ya no opera como “un precio más”. Opera como un patrón monetario elegido (o impuesto por la realidad) una vez eliminado el monopolio local de emisión.

La dolarización para Bolivia como retorno al cálculo económico

Bolivia vive hoy las consecuencias de haber mantenido el monopolio monetario y el curso forzoso durante décadas de ciclos de auge y crisis. La manipulación del crédito, la nacionalización monetaria y la dependencia de materias primas inflaron burbujas que, como predice la teoría austriaca de los ciclos, terminaron colapsando (ver la crisis del sistema financiero y la mora bancaria sostenida).

La dolarización no es una solución mágica ni permanente, pero representa un paso práctico y radical en la dirección que señaló el Hayek tardío al eliminar la política monetaria discrecional y devolver el cálculo económico a los agentes individuales. Al adoptar una moneda estable y eliminar el curso forzoso de la moneda local, se sustituye un patrón monetario inestable y manipulable por otro más rígido y creíble. Se reduce drásticamente la capacidad del Estado para generar inflación, distorsionar tasas de interés y financiar déficits con emisión.

En el contexto boliviano actual —con reservas en declive, brecha cambiaria y riesgo de crisis de balanza de pagos—, la dolarización aparece como la opción más coherente con los principios austriacos, pues devuelve la disciplina, elimina el prestamista de última instancia ilusorio y permite que el mercado (y no el burócrata) determine el valor relativo de la moneda.

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